La reacción tardía de las instituciones

El 9 de mayo de 2008, un día antes de la marcha por la legalización de la marihuana, la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción presentó en Madrid la que quizá sea una de sus mejores campañas, la trigésimo tercera, que acierta en el diagnóstico de la situación actual de nuestro país. En un cartel, un joven fotografiado de perfil se prepara una raya de cocaína sobre su cartera con la ayuda de su tarjeta de crédito. Una multitud de fotografías de tamaño carné, de sus familiares y amigos, componen la imagen de su cerebro. En la segunda imagen de la campaña, una chica con la boca entreabierta muestra una pastilla sobre su lengua, y las fotos de sus allegados dan forma a su corazón. La leyenda que figura al pie de ambas estampas es la siguiente: “Las drogas no sólo perjudican a quienes las consumen. Malos tratos, violencia, accidentes de tráfico, accidentes laborales, problemas escolares”.

Los carteles se pegaron por las calles de Madrid en junio de 2008 y en septiembre han vuelto a editarlos. Hay que felicitarse de este cambio de actitud de la FAD (que advierte a los aficionados al colocón que sus actos no sólo les incumben a ellos, sino que también repercuten en su entorno más próximo) porque por desgracia otras campañas de la misma fundación dejaban bastante que desear. La de “la educación lo es todo” era muy tímida, apenas decía nada, y uno se pregunta si las rápidas escenas del spot de noviembre de 2007, en las que, con una canción alegre de fondo, se daba a entender que unos jóvenes trapicheaban con drogas, las cultivaban y las consumían, no serían contraproducentes a pesar del lema final (“lo más peligroso de las drogas es olvidarnos de lo que realmente son”).

Por otro lado, el Plan Nacional sobre Drogas, dependiente del Ministerio de Sanidad, presentó en octubre de 2006 la campaña “Drogas: hay trenes que es mejor no coger”, en la que esta frase aparecía en carteles que mostraban unas vías hechas de marihuana y de cocaína. Los carteles que se distribuyeron por la vía pública contenían los siguientes mensajes:

Cannabis. Hay trenes que es mejor no coger. Depresión, ansiedad, fracaso escolar, dependencia, problemas neurológicos”.
Cocaína. Hay trenes que es mejor no coger. Euforia, falso control, ansiedad, problemas familiares, fracaso escolar, adicción”.

Los anuncios publicados en la prensa daban más información:

Cannabis. Hay trenes que es mejor no coger. Problemas de memoria y concentración, estar más agresivo, bajo rendimiento escolar, estar apático, tener depresiones, mayor probabilidad de accidentes y enfermedades mentales… Es así de fácil. Si consumes cannabis, solo o en combinación con otras drogas, este será tu tren de vida. ¿De verdad quieres subir?”
Cocaína. Hay trenes que es mejor no coger. Estar irritable, comer mal, dormir poco, tener paranoias o alucinaciones, sufrir taquicardias, perder el control, mayor accidentabilidad, problemas cardiovasculares y sexuales… Es así de fácil. Si consumes cocaína, sola o en combinación con otras drogas, este será tu tren de vida. ¿De verdad quieres subir?”

La campaña “Drogas: hay trenes que es mejor no coger” también incluía un anuncio, emitido en octubre de 2006 por las cadenas de televisión, en el que se mostraba con detalle cómo varios jóvenes esnifaban coca y daban caladas a porros, a la vez que, entre el sonido de la inspiración y el de la espiración, se exponían las consecuencias de la adicción a las drogas: tristeza, nerviosismo, apatía, violencia y, por último, el traslado al hospital en ambulancia. De nuevo cabe preguntarse si mostrar, a cualquier hora del día, a gente esnifando de manera explícita delante de la cámara, no podría despertar la curiosidad de los más pequeños hacia el polvo blanco.

Con estos anuncios, el Plan Nacional sobre Drogas ha tratado de combatir la baja percepción que tienen los jóvenes del riesgo que corren metiéndose o fumando estas sustancias, y por primera vez ha explicado en voz alta a la ciudadanía las consecuencias negativas que comportan estas drogas para la salud mental. Pero, al igual que la FAD, lo ha hecho demasiado tarde, cuando ya son demasiados los niños trastornados, demasiadas las familias destrozadas, demasiadas las muertes en la carretera, demasiados los asesinatos. Sin ánimo de ser injustos, podemos decir que antes de estas dos campañas, la fundación privada y el organismo público han sido muy, pero que muy tibios. Porque los vídeos, folletos y libritos, que en ocasiones parecen manuales de uso de las diferentes sustancias, ni llegan a todo el mundo ni divulgan todo lo que hay que explicar, sobre todo en lo relativo al cannabis. Y lo que es peor: todavía hoy siguen sin denunciar la multitud de mensajes que a favor de los estupefacientes transmiten continuamente el cine y todas las cadenas de televisión. Pero no lo denuncian ni la FAD, ni el PNSD, ni ninguna de las organizaciones que reciben subvenciones para prestar asistencia a los drogadictos. Ninguna.

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