“La guerra en casa”, en La 2

 
 

La comedia de situación titulada La guerra en casa (The war at home), importada de Estados Unidos por la segunda cadena de Televisión Española, ha traspasado límites a los que no llegaron otras series del mismo género. 

En el episodio emitido el lunes 4 de agosto de 2008 a las 21.30 horas, el padre busca la bolsa de hierba por el dormitorio. Su esposa le pregunta si ha vuelto a fumar y le recrimina que fume a escondidas y sin compartir el material con ella, a lo que el otro responde que cuando ella está colocada, habla demasiado. “Los padres que consumen drogas tienen hijos que consumen drogas: no tengáis hijos”, suelta el cabeza de familia dirigiéndose a la cámara. Más tarde, en la misma emisión, el padre acusa a su hija adolescente de haberle robado la marihuana que guardaba en un cajón y la hija le pregunta que qué hacía esa hierba en su cajón. El padre le miente diciéndole que es para la abuela, que está enferma, con tan mala suerte que el hijo menor se entera y se lanza a la calle a comprar maríapara llevársela a su abuela. Mientras, el hijo de en medio le roba la droga a su hermana mayor (que sí se la había sustraído al padre); cuando la madre termina descubriéndola, huele la bolsa extasiada. Al día siguiente, la madre está muy contenta y el padre la acusa: “Has encontrado mi marihuana”. La otra sale corriendo: “¡Nuestra marihuana!”. Pero al final deciden tirarla porque “colocarse a ciertas edades resulta patético”. No obstante, en la escena siguiente, la abuela y una amiga de su edad aparecen colocadas, riendo a carcajadas y celebrando la ocurrencia de su nieto. La abuela se pone a bailar con mucha marcha y el público ríe y la aplaude (todo el episodio está sembrado de risas enlatadas).

Aunque en ningún momento se ven ni los canutos ni la hierba (sólo la bolsa que la contiene), se da a entender que un matrimonio de clase media, con una casa grande típicamente americana (o de serie americana) puede fumar de vez en cuando sin que ello tenga consecuencias graves. Su hija también lo hace a escondidas y no pasa nada. Al igual que en otras producciones que tratan este asunto, los únicos efectos perjudiciales que se mencionan son la posibilidad de que el cannabis pueda llevar a consumir drogas más duras y los fallos de memoria (el padre evoca la noche en la que, al regresar a casa, se dio cuenta de que había olvidado a su esposa en el concierto al que habían asistido juntos).

A estos padres modernos también les priva el alcohol: los dos aparecen borrachos delante de la hija mayor y de su amiga (25 de agosto de 2008), con lo que consiguen que su primogénita se avergüence de ellos. Los padres de la amiga, de una mentalidad a lo que se ve más retrógrada, les reprochan su actitud.

Más adelante (14 de septiembre de 2009 a las 20 horas), el papá vuelve a dar muestras de ser un hombre con experiencia cuando su mujer le pregunta si él conoce algunos aspectos del proceso de fabricación del vino y él le responde: “No, pero sé que hacen falta un papelillo y un filtro para hacer un canuto”.

Obviamente, la realidad de muchas de las familias en las que los adultos consumen drogas no mueve a risa, y menos a los niños que conviven con ellos (se habla muy poco del maltrato infantil), por mucho que a través de las series de televisión y de las películas se nos quiera convencer de que el colocón ocasional y la buena crianza de los hijos son compatibles. Tampoco tienen gracia los cambios comportamentales que acarrea el consumo de drogas en los adolescentes. En la guerra en casa de verdad, lo que se oye de fondo no son risas precisamente.

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