“21 días”, en Cuatro

La noche del 27 de marzo de 2009, la cadena Cuatro emite el reportaje “21 días fumando porros” (repetido por Cuatro el 9 de mayo de 2010 a las 23 horas, y el 24 de agosto de 2010 a las doce de la noche), en el que una joven periodista cobaya fuma cannabis durante tres semanas para experimentar sus efectos.

“Tortilla, tortilla… de marihuana”. Comienza el documental con imágenes de la joven periodista fumando porros con su mentora, una señora mayor que habitualmente fuma antes de acostarse, y que al día siguiente aparece conduciendo un automóvil. “La marihuana es la mejor droga para dormir”. Al quinto día, la joven admite que ya no le está gustando. Un farmacólogo que aparece con frecuencia en reportajes de este tipo explica que cuando se vuelve adicto al cannabis, el cerebro quedará modificado por mucho tiempo. Al sexto día, la joven expresa lo que siente: “Ay,qué locura, Dios mío, todo el día fumando porros… Te entra un hambre… Empiezas a comer y no paras”. La periodista reconoce que no tiene buena memoria.

Para poder pasar tres días en Proyecto Hombre de Mallorca, la muchacha debe dejar de fumar. En el centro, las actividades rutinarias mantienen a los adictos ocupados. Cada vez hay más consumidores crónicos que quieren dejar el cannabis, y muchos de ellos tienen depresión, esquizofrenia o brotes psicóticos: “Los porros te enganchan”; “si no consumes, te sientes mal”; “si no tienes tu dosis de maría, la primera persona a la que haces daño es tu madre, tu familia”. Los mismos consumidores se muestran contrarios a la legalización de la marihuana: “Sería un desastre”.

Cuando la periodista sale de Proyecto Hombre, vuelve a fumar: “El cannabis me agota. Tengo que irme al sofá”. Entonces visita a un cultivador de una asociación legal que distribuye marihuana a sus socios, no siempre con fines terapéuticos. El hombre se queja de que están todo el rato rozando la ilegalidad: “Hay un gran negocio en prohibir”. Una enferma de esclerosis múltiple afirma que le palia los dolores, pero la periodista piensa que debería haber un médico supervisando ese consumo. Otro de los clientes de la asociación la lleva a la playa, y mientras conduce el coche le dice que fumar cannabis le sirve para relajarse y para desconectar.

El decimocuarto día, a pesar de que no se encuentra bien de tanto fumar, la periodista entrevista a un conocido filósofo en su casa: “La marihuana añade al día ese toque de lucidez depresiva”; “la marihuana cambia el estado de ánimo”. La joven le pregunta si la marihuana puede tener efectos perjudiciales y el filósofo responde que sí; al final se avergüenza de haberle hecho la entrevista colocada porque se le olvidaban las preguntas.

El decimoséptimo día, la reportera viaja a Ámsterdam. Sólo en el centro de la ciudad hay un centenar de coffee shops, en los que se expenden distintas variedades de cannabis. La periodista sale de un coffee con mareos, sufre un subidón y esta sensación la asusta. Al día siguiente, la joven vuelve al coffee shop con unos holandeses que se ponen a aspirar de un globo, y allí conoce a una familia estadounidense que reside en Ámsterdam desde hace años; padres e hijos van juntos todos los días a fumar en familia, y la madre hace un elogio de la libertad. La periodista no entiende cómo estos norteamericanos fuman tanto y aguantan. La asistencia a la feria del cannabis que se celebra en esta ciudad permite a miles de americanos ponerse hasta las cejas sin que los metan en la cárcel. Más tarde, un gurú de la marihuana para el que esta planta es sagrada afirma que la hierba te abre el corazón. La reportera se suma a un grupo de personas que acuden a fumar con él, pero al rato pierde la percepción del espacio y confiesa tener miedo. Sin embargo, los hippies le dicen que disfrute del momento; la muchacha se tumba en la cama y otro se tiende junto a ella y trata de tranquilizarla. “Lo que fuma esta gente es superfuerte”.

De nuevo en España, entrevista a un exconsumidor que ha conseguido dejar los porros tras llevarse 25 años fumando cannabis. Dice que no hacía más que hablar de los colocones, y que sin el apoyo de su mujer, de sus hijos y de Proyecto Hombre, no habría salido de la adicción. “Nunca sabías con qué humor llegaría a casa”. Habiendo vivido lo que ha vivido, el hombre es contrario a la legalización.

Al final de la emisión, la periodista resume así su experiencia: “Tras veintiún días, para mí está claro que no es una sustancia inocua. Me afecta a la concentración, a la memoria… Hay mucha gente que no sabe lo que se está fumando, y lo peor son los jóvenes en edad escolar. ¿Qué va a ser de su rendimiento y de su salud? Sinceramente, no me quiero fumar ni un porro más”.

La noche del 24 al 25 de abril de 2009, Cuatro emite un nuevo reportaje de la serie “21 días” en el que la periodista convive con los habitantes de las chabolas de las afueras de Sevilla. Un joven que está desintoxicándose explica que entró en la droga cuando era un niño, fumando porros, y reconoce que la droga no le ha aportado nada bueno y que le ha robado el cariño de su familia.

El 5 de noviembre de 2010, a las 23.20 horas, Cuatro emite el reportaje “21 días bebiendo alcohol”, en el que se recogen los testimonios de varias personas a las que el alcohol les ha arruinado la vida.

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