Un “reality show” de la cadena Cuatro

La cadena Cuatro ha estrenado en los últimos años varios “reality shows” en los que personas en su mayoría muy jóvenes exponen públicamente sus problemas con las drogas. En una de estas emisiones, titulada “Soy adicto” y estrenada en abril de 2010, varias personas en tratamiento conviven en una casa más o menos como si fueran los concursantes de “Gran Hermano”. A través de sus testimonios y de los de sus familiares (”yo me drogo para dejar de pensar”; “mi vida la defino como perdida, sin rumbo”; “no solamente lo pasa mal la persona que toma, lo pasan mal las personas que tiene alrededor”) y también a través de sus reacciones (tienen los nervios a flor de piel, lloran con frecuencia), el espectador no tarda en deducir que estos seres humanos están sufriendo mucho, e incluso le termina quedando claro que el consumo de drogas está relacionado con la agresividad y que muchos niños terminan imitando el comportamiento adictivo de sus mayores.

Pero cabe preguntarse si de verdad era necesario mostrar la preparación de un porro en escenas similares a las repetidas machaconamente en los reportajes de “Callejeros”; si de verdad era necesario exhibir a una muchacha y a su pareja aspirando los gases que salen del papel de plata que están quemando; si de verdad era necesario mostrar la distribución de la dosis de cocaína en rayas antes de su consumo. Y también cabe preguntarse si tanto a estos jóvenes como a los de “El campamento” (emitido por Cuatro entre septiembre y octubre de 2010) les va a beneficiar en su vida futura el hecho de haber expuesto su intimidad ante las cámaras; por ejemplo, a la hora de intentar integrarse en el mercado laboral.

Los jóvenes adictos a las drogas, víctimas de una cruel maquinaria de la que la televisión es uno de los engranajes, merecen más compasión y protección.

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