El síndrome de Morgellon: una nueva clasificación

Traducimos a continuación un artículo que Clifford Carnicom publicó el 3 de febrero de 2010 y cuya versión en inglés se puede leer aquí:

http://www.carnicominstitute.org/articles/morgobs8.htm

EL SÍNDROME DE MORGELLON: UNA NUEVA CLASIFICACIÓN

Al publicar esta información no estoy ofreciendo ningún diagnóstico ni asesoramiento médico alguno. Únicamente estoy actuando como un investigador independiente que ofrece unos resultados procedentes de la observación prolongada y del análisis de unas condiciones biológicas fuera de lo normal cuya existencia es evidente.

El denominado “síndrome de Morgellon” ha desafiado hasta ahora la identificación adecuada de sus causas o de su naturaleza. Aunque sus manifestaciones parecen ser muy variadas, desde el principio este investigador ha tratado de identificar aquellos aspectos en que existe un denominador común, centrándose en ellos. Los recursos y la tecnología disponibles necesariamente limitan el alcance de este examen, y se espera que salgan a la luz descubrimientos adicionales. En la actualidad, sin embargo, se ha establecido que, a nivel microscópico, un conjunto de cuatro componentes primarios tiene, por lo menos, algún grado de asociación con la enfermedad. Estos son (como mínimo) los siguientes:

1. Un filamento que sirve de revestimiento, generalmente del orden de 12 a 20 micras de espesor, y es esta forma la que es visible para el ojo humano. Este filamento puede contener una red interna de filamentos de tamaño inferior a la micra, o alguna combinación de los siguientes elementos de esta lista.

2. Un organismo parecido a la clamidia (Chlamydia pneumonia es el candidato más fuerte hasta el momento) que mide entre 0,5 y 0,8 micras.

3. Una forma pleomórfica (la denominación favorita hasta la fecha es “semejante al micoplasma”).

4. Una forma eritrocitaria (un glóbulo rojo probablemente artificial o modificado).

Se ha propuesto que una de las razones de que este conjunto de organismos se escape a toda definición es que nunca antes ha existido, es decir, que de hecho se trata de un “nuevo” organismo. La pregunta que surge entonces es la siguiente: ¿cómo hacemos para clasificar la forma que sirve de revestimiento, teniendo en cuenta la complejidad y la variación subyacentes de los componentes INTERNOS? En este artículo intentaremos proporcionar un razonamiento lógico que sea coherente con la información y las pruebas disponibles.

El término “Morgellon” surgió de la necesidad y de la conveniencia, no de una comprensión básica de la dinámica y del metabolismo del organismo u organismos involucrados. Esto es comprensible por muchas razones, y la no menos importante de ellas es que tal base de conocimientos no existía en aquel momento. Dicha base de conocimientos se mantiene distante, sin duda en parte debido al patrón de negación, rechazo y diagnóstico erróneo que ha plagado las intervenciones o investigaciones “formales” desde el principio. Haya sido deliberado o no el fracaso a la hora de afrontar la realidad de la enfermedad, la historia juzgará por nosotros sin tener en cuenta nuestra participación tardía.

El nombre de “Morgellon” probablemente se quedará ahora con nosotros, nos guste o no, y sea acertado o no. El término se verá casi siempre envuelto en la polémica y en el rechazo hasta cierto punto. Así es el lenguaje y así somos los seres humanos. Una vez más, tampoco sabemos si este lodazal ha sido creado adrede o si es el resultado de la confusión y la ignorancia, pero llega un momento en que la verdad nos habla, estemos  o no preparados para escucharla.

El objetivo de este artículo es intentar conseguir, hasta donde llegue mi capacidad, una base de conocimientos que sea coherente y precisa con respecto a lo que ya se sabe. Mi investigación no está completa ni es representativa de una totalidad; es simplemente lo que puedo ofrecer dadas las circunstancias. Estas circunstancias se ven obstaculizadas por la falta de un discurso abierto, justo y sincero entre las comunidades ciudadanas, profesionales y gubernamentales y por la falta de una investigación coordinada y financiada adecuadamente. No obstante, esta es la mejor visión de conjunto que puedo ofrecer en este momento.

Ahora vayamos a los detalles:

Uno de los retos más acuciantes a los que se enfrenta la caracterización de esta enfermedad es la diversidad de formas y estructuras que presentan los componentes que han sido identificados. Además, bajo determinadas circunstancias, los cuatro componentes han sido identificados en el interior de una sola unidad fundamental, es decir, encerrados en la estructura del filamento envolvente. Y esta forma filamentosa parece representar la culminación de un desarrollo en varias etapas, al menos dentro de los ensayos de cultivo estudiados hasta ahora.

Si tomamos cada uno de estos componentes por separado, la variada confusión se hace evidente:

1. En primer lugar, en relación con el filamento de revestimiento, la interpretación más obvia podría ser que nos encontramos frente a una forma de hongo. Por desgracia nos encontramos con numerosas dificultades de inmediato, ya que de momento no se ha establecido correspondencia con ninguna otra forma conocida de hongos. La descomposición del filamento se ha logrado sometiéndolo a condiciones químicas extremas y a temperaturas extremas, y esto es altamente indicativo de que sirve de carcasa protectora para los componentes internos. Lo que ocurre en el interior del filamento de revestimiento es una de las razones por las que no encontramos coincidencias con las formas de hongos conocidas, y esto nos lleva al segundo elemento de la lista.

2. La estructura semejante a la clamidia parece ser a primera vista una forma bacteriana. La clamidia (especialmente la Chlamydia pneumonia) ha sido propuesta como candidata debido a los numerosos paralelismos existentes entre su morfología, sus características biológicas y su sintomatología y los de este organismo en particular que es objeto de mi estudio. Pero también hemos de tener en cuenta que, desde el principio, he utilizado específicamente la expresión “semejante a la clamidia”, y no “clamidia”, por dos buenas razones:

a) No ha aparecido ningún medio de identificación apropiado e irrefutable en el nivel requerido.

b) Algunas características del organismo no encajan con el género Chlamydia, especialmente en lo referente a las agresiones químicas y térmicas a que ha sido sometido el organismo a lo largo de distintos procedimientos de prueba.

3. La forma pleomórfica (‘que puede adquirir muchas formas’) es difícil por su naturaleza cambiante, como indica su nombre. El candidato micoplasma, en su origen, es demasiado pequeño para que podamos verlo con el microscopio convencional. Es una de las bacterias conocidas más pequeñas, si no más pequeña, y tiene la característica distintiva de carecer de pared celular. Es esta carencia de pared lo que le permite a nuestra forma pleomórfica cambiar de forma. Por lo tanto, parece que solo se trata de una morfología posterior que se desarrolla y es visible, y es en este nivel donde se ha realizado la identificación con este candidato. Por desgracia, con esta estructura también tenemos los mismos problemas de estrés químico y térmico que tuvimos con la estructura parecida a la clamidia. Hasta ahora, ambas formas “semejantes a las bacterias” han resistido a todos los extremos químicos y de calor a que han sido sometidas. Pero el hecho de que las formas semejantes a las bacterias existan en el interior del filamento de revestimiento hace que nos enfrentemos a una grave contradicción adicional con la taxonomía convencional.

4. Y, por último, al menos por ahora, tenemos la forma eritrocitaria (el glóbulo rojo). Esta identificación extiende realmente el límite del entendimiento común y de los conocimientos convencionales. Los eritrocitos pertenecen a la sangre, y la sangre proviene de los animales. La aparición de esta entidad es totalmente incongruente con cualquier interpretación fúngica o bacteriana que intentemos realizar. Incluso la aparición de un eritrocito (artificial o no) fuera de la biología del huésped es un salto que sobrepasa los conocimientos convencionales y el discurso oficial. Entonces nos vemos obligados a preguntar: ¿cómo es posible?

Ahora tenemos que hablar de la filogenia, es decir, de los aspectos estructurales de la vida tal como los conocemos (es decir, el árbol de la vida).

La ciencia a menudo avanza con dificultad y poco a poco, y muchas veces esto ocurre por una buena causa y además nos beneficia. En otras ocasiones, los procesos de revisión y de aceptación son tan difíciles que deliberadamente entorpecen el progreso y el renacimiento de la comprensión cuyo comienzo deberían marcar. Por supuesto, a veces, o mejor dicho, normalmente, hay estrucuturas institucionales, económicas y de poder ya establecidas que tienen un interés personal en mantener el statu quo. El estado emocional de la sociedad debe estar preparado y “listo” para aceptar la base de conocimientos que se ha desarrollado exhaustivamente a lo largo de las décadas que preceden a esos momentos especiales de nueva percepción de la realidad con que la humanidad ha sido agraciada.

Uno de estos estados de transformación parece haber tenido lugar en 1978. En ese año, Carl R. Woese expuso una interpretación algo radical para nuestra comprensión de la filogenia (1). Había obviamente dificultades debidas al patrón que se había establecido anteriormente, que se componía de seis “reinos”, como por ejemplo el reino vegetal, el reino animal, el reino de los hongos, etc. (2). Lo que hizo Woese fue buscar el mínimo común denominador dentro de las relaciones filogenéticas, y así el ARN (ácido ribonucleico) o la genética subyacente del organismo se convirtió en el elemento clave. Básicamente, Woese reescribió el esquema de la estructura de la vida tal como la conocemos, y elevó (reduciéndolas al mismo tiempo) las ramas estructurales a tres dominios en lugar de seis “reinos”. Al parecer, (tras un período de unos 30 años) la nueva visión de Woese ha sido generalmente aceptada y ha transformado legítimamente nuestra comprensión de la “estructura” de la vida. Esto nos demuestra que la ciencia a veces necesita cambios radicales, y que no deberíamos acomodarnos demasiado a lo que creemos que es verdad o mentira.

Los dominios de Woese son los siguientes:

1. Las bacterias (Bacteria)
2. Las arqueas o arqueobacterias (Archaea)
3. Los eucariotas o eucariontes (Eukarya)

Nos interesa comprender cuáles son los principales miembros y las características de cada uno de estos grupos, ya que representan un modelo más simple, más exhaustivo y más exacto para la comprensión de las características “estructurales” de la vida. Animo a los lectores a que hagan este esfuerzo, al menos a un nivel básico. Los tres dominios varían en el tipo de células, en la pared celular, en la membrana lipídica, en la síntesis de proteínas, en las moléculas de ARN de transferencia y en su sensibilidad a los antibióticos (3). Incluso los términos procariota y eucariota (sin núcleo o con núcleo) ya no resultan adecuados porque no sirven para definir los principales rasgos identificados por Woese.

Lo que ha motivado la redacción de este trabajo es la constatación de que la “enfermedad de Morgellon” traspasa los límites que separan a estos tres dominios.

Lo que sigue es, al menos en parte, el razonamiento de esta audaz afirmación:

Ya se han enumerado las dificultades relativas a las formas que parecen bacterias (las que parecen clamidias y las que parecen micoplasmas). En las pruebas realizadas hasta ahora, estos dos componentes han sido sometidos a ebullición, a álcalis extremadamente fuertes (hidróxido de sodio, lejías) y a ácidos extremadamente fuertes (por ejemplo, ácido clorhídrico). También hay buenas razones para pensar que dichas estructuras han sido sometidas, como mínimo, a condiciones extremas de frío (por ejemplo, a entre 50 y 60 grados C bajo cero). Llegados a este punto, ninguna de las tensiones transmitidas a las “estructuras” ha dañado su viabilidad para crecer o reproducirse posteriormente. Bajo las circunstancias más duras, parece como si estas estructuras se mantuvieran en estado latente o de inactividad biológica en espera de que las condiciones ambientales vuelvan a ser más favorables. Uno de los rasgos dominantes de las arqueas es su capacidad para soportar condiciones ambientales y estrés extremos. Es típico encontrar estas formas de vida en las chimeneas de los volcanes y bajo las plataformas de hielo; por ello son unas candidatas óptimas para las expediciones que buscan vida extraterrestre. Muchos de los organismos del grupo de las arqueas no requieren oxígeno y puede desarrollarse en condiciones anaeróbicas que metabolizan dióxido de carbono en vez de oxígeno. Se considera que las arqueas son probablemente una de las formas de vida más antiguas que existen en la Tierra. Es importante mencionar que las arqueas no son sensibles a los antibióticos (4), y también es de interés señalar que aparentemente aún no se ha demostrado la existencia de formas patógenas de arqueobacterias.

Por la misma razón hay algunos aspectos de estas dos estructuras que están muy de acuerdo con la posibilidad de que se trate de bacterias: su metabolismo dentro de una célula, su tamaño, su impacto patogénico, su sintomatología, etc. Es esta variación lo que nos obliga a considerar la existencia de un intercambio genético entre dos de los dominios incluso en este nivel tan básico de la discusión: las bacterias y las arqueas.

Además, ahora debemos considerar la estructura del filamento envolvente. A primera vista, parece traer al frente el dominio de los seres eucariontes, dado que los hongos son uno de los elementos de este grupo. Al dominio Eukarya pertenecen los hongos, los protozoos, los mohos mucilaginosos, las plantas y los animales. El problema estriba en que, como ya se ha mencionado, hasta ahora no existe tal identificación con los hongos, y además unas estructuras más representativas de los OTROS dominios se dan DENTRO del filamento de revestimiento.

Y, por último, la existencia de una forma “eritrocitaria” viola todos los límites de cualquiera de las consideraciones anteriores. Las células sanguíneas surgen en los filos más complejos de la clasificación biológica, tales como, por ejemplo, los seres humanos. Las células de la sangre, según la biología convencional, no crecen en los tubos de ensayo. Es cierto que el deseo de crear sangre artificial ha sido una especie de santo grial de la investigación biológica desde hace algún tiempo (5). El mundo de los negocios se tambalearía ante la posibilidad de que se pueda producir sangre artificial y no sería sorprendente que las operaciones clandestinas hayan conseguido avances significativos en este campo. Pero, llegados a este punto, a pesar de las maravillas que todo esto implicaría, nadie se espera que las características de los eucariontes compartan la misma casa con los dominios de las bacterias y de las arqueas.

El ser eucarionte en cuestión también (6) es insensible a los antibióticos. El hecho de que dos de los tres dominios tengan esta insensibilidad señala las dificultades que podrían esperarse si la enfermedad es tratada con antibióticos convencionales.

De por sí, parece que se trata de un “organismo” que trasciende la existencia estructural que ha sido definida para la vida misma. La enfermedad de Morgellon, a partir de la mejor información y de los mejores análisis de que disponemos hasta la fecha, parece ser una síntesis orquestada que traspasa los límites de los tres dominios establecidos de la vida en este planeta. Es muy difícil imaginar, en este estado de nuestros conocimientos, que este “organismo” (por el bien de la discusión) sea el resultado de un proceso “natural” o “evolutivo”. Esta hipótesis, de ser aceptada, nos obliga a considerar la posibilidad muy real de indulgencia deliberada y premeditada en el ámbito de la ingeniería genética. Esto sin duda podría explicar, al menos en parte, la falta deliberada y premeditada de divulgación y de honradez en el tratamiento público del tema. También podemos preguntarnos cuál fue el motivo del diagnóstico erróneo “decretado” de “parasitosis delirante” que fue promovido con tanta negligencia y cuyo fracaso resulta ahora tan evidente. ¿Qué subyace tras la gran coincidencia existente entre las muestras biológicas y determinadas muestras ambientales? Al final la divulgación y la honradez total reclamarán sus posiciones legítimas, a pesar de las maquinaciones de nuestra propia especie.

La “denominación” más apropiada para esta enfermedad puede evolucionar del mismo modo ya descrito en que evoluciona la ciencia en general; no voy a complicar el problema con una nomenclatura adicional en este momento. Lo que ha ocurrido aquí es que el término “Morgellon” ahora abarca un contexto más amplio que el que anteriormente se pensaba. Siempre corregiré mis líneas de investigación si un examen directo del problema revela que al final todo es increíblemente simple, y que podemos continuar con la costumbre de tomar otra pastilla para aliviar los síntomas. Pero de momento las pruebas y la historia no nos permiten prever un resultado tan inocente y alegre, y mientras tanto debemos prepararnos para la atrocidad que se ha desatado, de una o otra forma, sobre nosotros.

Clifford E. Carnicom (Lo siento, esta vez no hay fotos.)

Nota adicional del 11 de febrero de 2010:

Recomiendo a aquellas personas a quienes pueda parecer inverosímil el contenido de este artículo que consulten la revelación pública que la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa (Defense Advanced Research Projects Agency o DARPA) hizo el 5 de febrero de 2010 de su proyecto de desarrollo de “organismos sintéticos” inmortales, como se indica en la versión no confidencial del presupuesto de 2011 (7). En un reciente artículo (8) sobre el presupuesto que se ha publicado, se declara que

“Como parte de su presupuesto para el próximo año , Darpa ha invertido 6 millones de dólares en un proyecto llamado BioDesign cuyo objetivo es eliminar “la aleatoriedad del progreso evolutivo natural”.

Resulta interesante comparar esta frase con la que se ha declarado en el presente informe:

Es muy difícil imaginar, en este estado de nuestros conocimientos, que este “organismo” (por el bien de la discusión) sea el resultado de un proceso “natural” o “evolutivo”.

Hay muchos que creen que los logros de los proyectos y presupuestos secretos tienen lugar en realidad muchos años o décadas antes de que se conozcan proyectos no confidenciales orientados a objetivos similares. Deseo expresar mi agradecimiento a la persona que me informó sobre esta revelación.

Clifford E Carnicom
11 de febrero de 2010.

Referencias:

1. Tortora, Gerard; Microbiology, An Introduction, 2001, Benjamin Cummings-Addison Wesley, 277-287.
2. Towle, Albert; Modern Biology, 1999 by Holt, Rinehart & Winston, 350.
3. Tortora, 277.
4. Tortora, 279
5. Towle, 39.
6. Tortora 279.
7.Pentagon Looks to Breed Immortal ‘Synthetic Organisms,’ Molecular Kill-Switch Included, Wired, Feb 05, 2010.
8. Department of Defense Fiscal Year (FY) 2011 President’s Budget, Defense Advanced Projects Research Agency

Artículo traducido por Conrad R.

Nota: Este enlace conduce a una serie de artículos que versan sobre la geoingeniería y la bioingeniería. 

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