Maderos y bichos

“¿Cuáles son esos obstáculos que encuentra el Estado? Aquí conviene hacer una breve mención a la obra de Alexis de Tocqueville que nos servirá de guía para nuestras ulteriores reflexiones. Así, en su famoso trabajo titulado La democracia en América señaló que los gobernantes necesitan una sociedad enfrentada consigo misma para dominarla, lo que exige que los miembros de esta sociedad se lleven mal entre sí. Algo parecido encontramos en la obra de Maquiavelo, quien enfatizó la importancia de enfrentar a unos grupos sociales con otros para que el príncipe pudiese gobernar, y ejercer de esta manera un papel de árbitro y mediador. Al fin y al cabo, la función inicial del Estado desde sus mismos orígenes ha sido la administración de justicia. Todo esto nos sirve para entender un principio inherente a la dominación política en el marco de las estructuras estatales, y es que una minoría muy organizada es capaz de ejercer el mando sobre una mayoría desorganizada gracias precisamente a esa desorganización de la mayoría. Esto ya fue apuntado en su momento por diferentes autores como Gaetano Mosca, Franz Oppenheimer y Vilfredo Pareto, entre otros. Esto quiere decir que una sociedad desunida y atomizada, en la que sus integrantes son hostiles los unos a los otros, no tiene capacidad para resistir la dominación de los gobernantes“. INFORME CORONAVIRUS: ANÁLISIS COMPARATIVO DE LAS POLÍTICAS DE GESTIÓN DE LA PANDEMIA EN EUROPA Y UNA APROXIMACIÓN AL FENÓMENO DE LA EPIDEMIA DESDE LA CIENCIA POLÍTICA (Esteban Vidal, sep. 2020)

Podemos decir que una concentración de ciudadanos que protestan contra la dictadura sanitaria puede ser más o menos eficaz no en función del número de asistentes, sino en función de la cantidad de personas a las que se ha conseguido informar de lo que se está denunciando, bien a través de folletos, bien a través del megáfono. Desgraciadamente, ni siquiera en algo que podría parecer tan obvio existe consenso. Para empezar, de los numerosos miembros de un grupo de tal o cual red social de Internet, a la concentración solo asiste una mínima parte, y, entre estos, pronto se establece una primera división: por un lado están los que se niegan a llevar la mascarilla, y por otro los que la llevan puesta porque creen que así pueden generar menos rechazo entre los viandantes a los que se pretende informar y de paso no se molesta a los maderos. Pero es igual: la triste realidad es que los maderos tienen la orden de reventar las concentraciones de los “negacionistas” con cualquier excusa y entran a saco a incordiar, llegando a generar aún más división entre los asistentes; por ejemplo, cuando sancionan no solo a quienes no llevan puesta la maldita mascarilla, sino también a la persona que ha convocado la reunión por no haber conseguido que se respeten las reglas. Aunque con algunos se puede dialogar, hay maderos que resultan patéticos, como los que no se saben lo que dice la ley, o los que tratan de amedrentar a los más jóvenes o a las mujeres sin conseguirlo. Para mí, los que se llevan la palma son aquellos maderos que están a punto de jubilarse, que pronto serán candidatos a la eutanasia decretada contra los mayores de 65 años, y que los muy miopes vienen aquí en plan Rambo amenazando con llevarse a comisaría a quienes denuncian el genocidio que se está perpetrando contra los ancianos. Al final, con su actuación desproporcionada, los “agentes de la ley” consiguen que cunda el desánimo entre los manifestantes e incluso que haya covidianos que se pongan de su lado y que abucheen a quienes se están partiendo la cara contra el nuevo orden mundial.

División, división y división. Divide et impera, divide y vencerás. Alguien dijo que la sola idea de ver a 47 millones de españoles unidos por una causa común es algo que acojona en grado máximo a nuestras élites y a los repugnantes políticos que les comen de la mano. Nos tienen que dividir como sea, y ya se sabe cuáles son las múltiples facciones en que nos han compartimentado en los últimos años, por lo que no hay ni que mencionarlas. En cuanto a la plandemia, los terroristas de las grandes cadenas de televisión y de radio (los “bien pagados”) ya se encargan de poner a la mayoría en contra de los egoístas e irresponsables “negacionistas” que se atreven a manifestarse estando los hospitales como están, o a ir sin la mascarilla por la calle. De seguir así, esta gentuza va a conseguir que la expresión “hijo de periodista”, o simplemente “periodista”, le quite el puesto a “hijo de puta” como calificativo de lo peor de lo peor.

Por supuesto, los grupos y asociaciones de disidentes no se iban a librar. Si ya a nivel de barrio, cualquier asociación es objeto de infiltración por conocidos miembros del partido político imperante en la región, los grupos de Whatsapp, de Facebook o de Telegram no podrían ser menos. Los infiltrados pueden ser troles que no dan la cara pero que generan conflicto y división, o simplemente miembros del grupo que no dicen nada y se enteran de todo, o bien personas que se erigen en cabecillas de los movimientos y que atraen en torno a sí a una legión de admiradores. Conviene dejar claro que no todos los youtubers o creadores de información alternativa están comprados, ni mucho menos, y que algunos de ellos se están dejando la salud denunciando toda esta gran farsa del coronatimo. Habría que empezar por una sencilla regla: no seguir a ningún líder y no tener a nadie en un pedestal, como nos advierten los compañeros de Desmontando a Babylon.

Hay quienes distinguen entre disidencia controlada (los grupos que son objeto de infiltración paulatina) y disidencia creada, que sería la que está controlada desde el primer momento porque su cabeza visible es un agente pagado para atraer hacia sí a los descontentos y marcarles el camino que deben seguir. El tiempo suele poner a cada uno en su sitio y el bicho en cuestión termina delatándose, especialmente ante las personas con las que establece un contacto más directo. Basándonos en la observación, podríamos enumerar una serie de rasgos que podrían caracterizar a estos bichos, aunque por supuesto no son los únicos; téngase en cuenta también que uno cualquiera de estos rasgos no es prueba suficiente de que estemos tratando con un bicho (a excepción del último), y que sería necesario que se cumplieran todos o casi todos:

1) El bicho posee un carácter fuerte y autoritario (aunque no todos los líderes con un carácter fuerte son bichos);
2) tiene peleas sonadas con otros cabecillas (que también podrían ser bichos) de otras poblaciones o regiones, con el fin de impedir una unión a nivel nacional;
3) imparte charlas y conferencias sobre asuntos muy variados y se mete en todo tipo de fregados (te lo encuentras hasta en la sopa);
4) ya ha reventado varias asociaciones;
5) intenta destruir el buen nombre de otros denunciantes en repetidas ocasiones;
6) propone actividades que hacen que el grupo parezca una secta a ojos de los demás: que si “ahora vamos a cogernos de las manos”, que si “vamos a meditar”, etc. (aunque lo de la meditación también lo suele proponer gente de buena voluntad);
7) aparece en vídeos y fotografías representando con gestos símbolos ocultistas (el 666 cuando se sujeta las gafas con una mano; la mano cornuta más o menos disimulada; una mano señalando hacia el cielo y la otra hacia el suelo; el ojo tapado…);
8) lo has pillado (a él o a uno de sus allegados) sacándote una foto de tu cara (no del grupo en el que varios estáis posando, no, sino que se te ha acercado para fotografiarte directamente el rostro),
y 9) (y esto ya se puede decir que lo delata definitivamente) te dice cosas que te hacen sospechar que sabe algo de tu intimidad que no debería saber porque tú no se lo has contado, ni al bicho, ni a nadie del grupo.

Descubrir que un héroe o heroína no es lo que pensábamos puede resultar muy, muy duro. Repitamos la regla: no hay que seguir a ningún líder, y no hay que tener a nadie en un pedestal; todos somos humanos y tenemos defectos, y algunos (no todos) de los que se ponen al frente de los grupos de disidentes están pagados para guiar las acciones en una determinada dirección y para generar división entre los “despiertos”. ¿Significa esto que no hay nada que hacer? No, no es eso. Sabemos que los infiltrados están ahí, pero tampoco hay que dejarles que se salgan con la suya y no hay que caer en la trampa de la desconfianza y la desunión. Si estamos en contra de esta dictadura sanitaria, y resulta que se convoca una concentración para protestar contra esta situación, podemos asistir aunque uno o varios de los convocantes sean bichos, y les podemos retirar amablemente el megáfono para que no sean los únicos que hablen. También puede resultar efectivo ir por la calle repartiendo hojas informativas en compañía de otras personas de nuestro entorno en las que podamos confiar o realizar vídeos con ellas, formando pequeños grupos que trabajen de manera autónoma sin dar demasiados detalles de sus actividades en las redes sociales, que son idóneas para intercambiar noticias, pero en las que no hay que contar todo lo que hacemos. Por último, convendría buscar, sin que nadie lleve la voz cantante, varios puntos de consenso, unas normas básicas para que las concentraciones y manifestaciones sean realmente productivas y consigan más adhesiones que abandonos.

Conrad R.

Fotografía: George Desipris

Nota: Este vídeo de Un salto quántico en Odysee da más información acerca de cómo se nos intenta dividir y llevar a los extremos opuestos a través de la manipulación. Y este otro vídeo del mismo canal ofrece algunas propuestas para evitar el enfrentamiento con los creyentes en el nuevo dogma.

Véase también:

Advertencia a los que obligan a cumplir el toque de queda ilegal (Astillas de realidad, feb. 2021)