Una pena muy grande

Me he enterado de que hoy se ha aprobado (¿aprobado o autorizado?) en Europa la inyección del veneno en los niños de 5 a 11 años, y me ha entrado una pena muy grande. Pena, rabia, impotencia, odio… Rabia y odio contra los padres borregos de los niños, que se niegan a escuchar a quienes queremos salvarlos; rabia y odio contra los terroristas de la televisión y la radio, que vomitan mentiras y mensajes neonazis contra aquellos que no queremos inocularnos ese tóxico; rabia y odio contra los otrora aplaudidos médicos y enfermeros, buena parte de los cuales están demostrando no merecer ningún aplauso; rabia y odio contra esas ratas teatreras y chupasangres que, obedientes a los monstruos de la plutocracia (esos psicópatas perdidos que detentan el verdadero Gran Poder), aprueban leyes opresoras que nos llevan inexorablemente al abismo de la esclavitud digital precedida por el entremés de la reducción poblacional; rabia y odio contra todos los que me rodean, que no se quieren enterar de que estamos en guerra. Y es que no, que no se quieren enterar.

Si existe Dios, ¿cómo puede permitirlo? Ha permitido ya tantas barbaridades…

Estamos en guerra y vamos a ver muchas cosas. Cuidémonos mucho y tratemos de ser positivos a pesar de todo; no nos centremos en el lado negativo de este momento histórico, que también tiene su lado bueno. Intentemos ser mejores personas, aun cuando la amargura que nos provoca esta catástrofe nos induzca a portarnos mal con las personas más cercanas. Tengamos compasión de ellas, que no quieren abrir los ojos ante el hecho de que han sido engañadas porque aceptarlo les hace pupa. Cultivemos el amor incondicional y practiquemos la oración, que, según Magdalena del Amo, son armas que nos hacen más poderosos de lo que pensamos.

Y sigamos intentando salvar a los niños de la «responsabilidad» y la «solidaridad» de sus padres y docentes, agilipollados como están, los pobrecitos míos, qué dóciles y obedientes que son, y qué buenas tragaderas tienen.

Conrad R.

Fotografía de Cottonbro.

Nota: El testimonio de esta madre que ha perdido a su hija puede salvar vidas.

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