“Hermano mayor”, en Cuatro

Lo mismo podemos decir de “Hermano mayor”, que la cadena Cuatro viene emitiendo de manera discontinua desde hace un par de años. Por un lado, al exdeportista que ejerce de mentor de adolescentes conflictivos se le ve buena intención, y podemos certificar que este es uno de los pocos programas de televisión en los que expertos y personas afectadas han detallado cómo el cannabis perjudica al cerebro de sus consumidores y cómo los puede llevar al fracaso escolar. Además, los consejos que se proponen en este programa para salir de crisis familiares graves pueden resultar útiles para muchas familias.

Pero, por otro lado, de nuevo hay que preguntar a los responsables de la cadena Cuatro si esta es la manera más adecuada de tratar estos temas, teniendo en cuenta que quienes aparecen ante las cámaras maltratando a sus propios padres son chavales y chavalas. Que vale, que al final normalmente han mejorado en su actitud y se muestran agradecidos al equipo del programa, pero que no se dan cuenta de que en cierta medida podrían estar hipotecando su porvenir. Porque resulta que a partir de ahora todos sus vecinos van a conocer su historia. Porque resulta que a lo mejor sus futuros empleadores o sus futuros compañeros de trabajo se han quedado con sus caras.

La ropa sucia se lava en casa, y por muy desesperado que se esté, seguramente hay opciones mejores que llevar a un niño a un programa de televisión, dicho sea de paso con todo el respeto y el cariño que merecen las familias afectadas.

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Un “reality show” de la cadena Cuatro

La cadena Cuatro ha estrenado en los últimos años varios “reality shows” en los que personas en su mayoría muy jóvenes exponen públicamente sus problemas con las drogas. En una de estas emisiones, titulada “Soy adicto” y estrenada en abril de 2010, varias personas en tratamiento conviven en una casa más o menos como si fueran los concursantes de “Gran Hermano”. A través de sus testimonios y de los de sus familiares (”yo me drogo para dejar de pensar”; “mi vida la defino como perdida, sin rumbo”; “no solamente lo pasa mal la persona que toma, lo pasan mal las personas que tiene alrededor”) y también a través de sus reacciones (tienen los nervios a flor de piel, lloran con frecuencia), el espectador no tarda en deducir que estos seres humanos están sufriendo mucho, e incluso le termina quedando claro que el consumo de drogas está relacionado con la agresividad y que muchos niños terminan imitando el comportamiento adictivo de sus mayores.

Pero cabe preguntarse si de verdad era necesario mostrar la preparación de un porro en escenas similares a las repetidas machaconamente en los reportajes de “Callejeros”; si de verdad era necesario exhibir a una muchacha y a su pareja aspirando los gases que salen del papel de plata que están quemando; si de verdad era necesario mostrar la distribución de la dosis de cocaína en rayas antes de su consumo. Y también cabe preguntarse si tanto a estos jóvenes como a los de “El campamento” (emitido por Cuatro entre septiembre y octubre de 2010) les va a beneficiar en su vida futura el hecho de haber expuesto su intimidad ante las cámaras; por ejemplo, a la hora de intentar integrarse en el mercado laboral.

Los jóvenes adictos a las drogas, víctimas de una cruel maquinaria de la que la televisión es uno de los engranajes, merecen más compasión y protección.

La cadena Cuatro da una de cal y otra de arena

El miércoles 16 de agosto de 2006, a las once y media de la noche, la cadena de televisión Cuatro emite, dentro del espacio “1 Equipo”, un reportaje dedicado a la marihuana en el que se afirma que esta droga (de la que uno de cada cinco jóvenes de 14 a 18 años es consumidor habitual) tiene efectos negativos, pero sólo se mencionan como tales la aprensión y la zozobra (aunque hay que decir que no pudimos ver el comienzo de este reportaje). Un psiquiatra denuncia la actitud de los apóstoles de la marihuana, de los famosos que afirman que es la panacea para todo, y pide que se saque la molécula que puede ser útil en el tratamiento del glaucoma, la artrosis, etc. para que los médicos puedan recetarla. Sin embargo, también se da la palabra a quienes comercializan productos derivados del cannabis, a cultivadores de cáñamo que se quejan de que la Guardia Civil les destruyó el huerto, a investigadores y a otros defensores del cannabis que se quejan de que hay mucha “incultura” sobre esta planta. Los presentadores pronuncian frases como “Me llevo la rama de cáñamo a Madrid para hacerme biodiésel, alpargatas, tortitas, infusión… ¡Viva la revolución verde!” o “Utilizar la marihuana sólo para hacernos porros es subestimar esta planta”. La prohibición de la marihuana terapéutica en Estados Unidos se anuncia en un recorte de prensa como otra victoria de Bush.

El 21 de junio de 2007, a las cinco de la tarde, Cuatro emite el programa “Channel número cuatro”, en el que una periodista demuestra cómo se usa el test salival detector de drogas. Sus contertulios le hacen preguntas, y entre todos dejan claro que se trata de detectar un consumo reciente que pueda afectar a la capacidad de conducción, y que si unos días antes o por la mañana uno ha dado unas caladas o ha consumido, eso no le importa a la policía. Así, pasan por alto el hecho de que el principio activo del cannabis puede permanecer en los tejidos grasos del organismo hasta un mes.

A la una menos cuarto de la madrugada del 15 al 16 de febrero de 2010, la cadena Cuatro, dentro del programa “After hours”, emite el reportaje “Colocados”. Nada más empezar, el presentador se mete en una “cunda” (un coche particular que lleva a los toxicómanos al poblado donde se vende droga) y entrevista al conductor, que aparece con el rostro difuminado y que también es cocainómano; tras comprar su dosis, este aspira la mezcla por una pipa pequeña. Más tarde, el presentador telefonea a un camello, este se presenta en su domicilio y lo entrevista. El camello también trafica para sufragar su consumo (coca, hachís, speed) y el presentador le pregunta por el precio de cada sustancia. La cámara sólo enfoca la mitad inferior del rostro del traficante, que dice que físicamente no está enganchado a la coca, aunque psicológicamente sí. Lleva 10 años traficando y nunca lo han pillado; tiene treinta y tantos y va bien vestido. Cuando se prepara una raya delante de la cámara y la esnifa, el presentador le pregunta por el efecto del subidón. El camello confiesa que disfruta con lo que hace.

Celebración de San Canuto en la Universidad Autónoma de Madrid. Una chica dice que fuma tres canutos al día. Los jóvenes se pasan el porro. “Cómo rula eso”. Una canción: “Te hace fuerte y te pone contento”; “viva san Canuto y los porros”. Un letrero que aparece en la parte inferior de la pantalla advierte de que “a largo plazo, el consumo de porros puede causar pérdida de memoria y esquizofrenia”; y ya está, no se profundiza más. En Palma de Mallorca, el presentador va a un centro de rehabilitación en el que una joven adicta declara que primero te invitan, y que después el cuerpo te lo va pidiendo; otra mujer explica que se inició en el consumo de drogas en las cenas de empresa hasta que terminó enganchándose a la heroína.

Más tarde, el presentador entrevista en un bar a un joven camarero que consume los fines de semana y que confiesa que le gusta drogarse. “Esta noche ¿qué te vas a meter?”. “Esta noche, cristal y tripi (LSD)”. Lo acompaña a los servicios y allí el otro disuelve el cristal en agua. Afirma que gracias a estas sustancias, disfruta más del sexo. Su mejor amigo murió tras consumir cocaína, y por eso él no consume coca, pero sí consume cristal y tripis. Después se mete un trozo de tripi en el ojo y se va a otro sitio a meterse un tripi por el ano. Un comportamiento ejemplar.

De nuevo en la Cañada Real de Madrid, el presentador entrevista a los voluntarios de la asociación Remar, que van a prestar asistencia a los drogadictos, muchos de ellos muy deteriorados. Y otra vez en Palma de Mallorca, el presentador visita un centro para toxicómanos que ya están muy enfermos. Un muchacho de 36 años empezó con 14 con los porros; ha consumido todo tipo de sustancias y ahora sufre de varias patologías. El director del centro, que ha visto morir a muchos toxicómanos, pide la legalización de la heroína para los toxicómanos terminales. Otro paciente envejecido, que se ha pinchado en todas las partes de su cuerpo, declara que “quien te ofrece eso no es tu amigo”.

La noche del 17 al 18 de septiembre de 2010, a las dos de la madrugada, la cadena Cuatro emite una nueva entrega del programa “After hours” en la que el presentador visita un cultivo de marihuana. El encargado le dice que con lo que gana puede pagar el alquiler (entre 3000 y 4000 euros) y que lo hace para el consumo propio y para un circuito cerrado de amigos. Se lía un porro delante de la cámara (dice que se fuma entre 8 y 9 canutos diarios) y explica los detalles del cultivo. En esta emisión se comenta que hay personas que recurren al cannabis para aliviar el dolor y el único efecto perjudicial que se cita es la pérdida de memoria.

Una oleada de mensajes apologéticos en la cadena Cuatro

El sábado 22 de enero de 2011, a las 21.30 horas, la cadena de televisión del grupo Intereconomía emitió un reportaje sobre la violación de la ley antitabaco en varias universidades españolas, principalmente en la Universidad Complutense de Madrid. Frente a la rigidez con la que se prohíbe fumar en los bares y en otros establecimientos, quedó patente la permisividad que reina dentro de las facultades, donde tanto profesores como alumnos fuman con total libertad (y los últimos, no sólo tabaco). Además, se denunció el deterioro que sufren numerosas instalaciones universitarias debido al vandalismo y a las celebraciones de botellones, gracias a la falta de vigilancia establecida. Pero no pasa nada: para contrarrestar esa actitud tan conservadora de la cadena del torito, muchos otros canales de televisión arriman el hombro para contribuir a que el consumo de drogas se llegue a considerar como algo normal por parte de un sector creciente de la población.

Pongamos como ejemplo el programa “Ola, ola”, de la cadena Cuatro, que recorre distintos puntos de las costas españolas para mostrarnos diversos aspectos del veraneo en la playa que se repiten en las distintas emisiones del programa: las familias humildes bajo las sombrillas, las abuelas orondas cantarinas, los cuerpos jóvenes al sol, las playas nudistas, las áreas de ambiente, los deportistas, las bellezas, las fiestas de los ricachones en los yates… y siempre, siempre, grupos de jóvenes que se divierten como al poder le interesa que se diviertan. Pasamos a recordar algunas de las secuencias emitidas en este programa en los últimos tres veranos:

8 / 8 / 2008, 22.00 horas: En una playa, un joven muestra a la cámara una pastilla de MDMA y se la mete en la boca, pidiéndole al periodista que lo grabe. Pero entonces se presenta un agente de la policía en traje de baño y se lo lleva para registrarlo. Otros mozos se quejan de que los traten como camellos, y dicen que ellos sólo son consumidores que vienen a divertirse. En las imágenes que anuncian la próxima emisión, un muchacho explica que el polvo que tiene en la mano es cristal.

22 / 8 / 2008, 22.00 horas: Festival tecno en un parque eólico. “Yo vengo aquí a ponerme hasta las patas”. La guardia civil, en dos días que ha durado el festival, ha realizado 250 incautaciones. En el avance de la próxima emisión, se ve una raya de cocaína lista para su consumición.

29 / 8 / 2008, 22.00 horas: De nuevo, mostrando la vida nocturna en nuestras costas, la cámara recoge cómo los chicos se lían un porro y cómo se hacen una raya. Más tarde, un tío se pone el dedo en un lateral de la nariz, indicando que consume coca. Una chica recomienda: “Las drogas son muy buenas. Hay que probar de todo”.

5 / 9 / 2008, 22.30 horas: Al final de esta emisión, un hombre mayor con el pelo canoso y con el canuto en la mano declara que se está preparando un porro para pasárselo bien. A continuación, la cámara enfoca las manos de uno que se está haciendo unas rayas finas. El cartel de abajo indica: “Se está preparando una rayita de speed“. Después, unos jóvenes hacen apología de las drogas en en plena fiesta playera.

12/ 7 /2009, 21.30 horas: En la playa de Ibiza, una joven valenciana confiesa ante la cámara: “Nosotros sólo fumábamos porros. Si se puede considerar droga eso…”.

16/ 8 / 2009, 21.30 horas: El reportero entrevista a ex toxicómanos que están en la playa en proceso de rehabilitación. Pero también entrevista a unos albañiles que están fumando un porro y lo muestran al cámara, al que le preguntan que si quiere. Más tarde, un hombre que vive en la calle hace apología del porro, dice que es afrodisíaco y que con él “siempre estás empalmado”. Varios jóvenes se fuman un canuto en la playa y lo enseñan a la cámara. Un hombre de cincuenta años declara: “Voy a fumarme un porro para pasármelo de puta madre”. En un aparcamiento, un muchacho explica brevemente cómo consumir cristal. Otra chica declara que el alcohol la desinhibe. A lo largo de esta emisión se suceden primeros planos de las drogas que se consumen.

23 / 8 / 2009, 21.30 horas: Repetición de secuencias de anteriores emisiones: un joven se toma una pastilla de MDMA delante de la cámara, y después se quejan sus amigos de que las autoridades los traten como a delincuentes; en un parque eólico, en el que se celebra una fiesta de concienciación sobre las energías renovables, un joven dice que él viene a ponerse “hasta las patas”.

18 / 7 / 2010, 21.30 horas: Los participantes en una fiesta en Ibiza lían y fuman porros. “Esto es cristal del bueno”, dice uno mientras la cámara enfoca la droga que sostiene en su mano, y acto seguido expresa lo que siente cuando la toma. Otro muchacho enumera las sustancias que allí se pueden encontrar, y después lanza a los telespectadores el mensaje de que no hay que drogarse, que si las drogas no se acaban es porque los políticos no quieren (singular testimonio contrario a las drogas transmitido en el programa Ola, ola).

22 / 8 / 2010, 21.45 horas: Tras una sucesión de escenas de abuelas y niños en la playa, nos trasladamos a un aparcamiento al aire libre, de noche, en una ciudad del Levante. Un grupo de chicos se pasan un canuto. Otro declara que también toman farlopilla. Algunos aparecen con el rostro difuminado, otros no. Como de costumbre, la cámara enfoca las manos que sostienen una pequeña dosis de una sustancia blanca; el dueño dice que cuesta treinta euros.

29 / 8 / 2010: En una fiesta nocturna, un atractivo joven se fuma un porro en una serie de primeros planos, muy sugestivos, del canuto incandescente en la oscuridad, en la boca del chaval.

12 / 9 / 2010, 21.30 horas: En la playa, un joven hace directamente apología del hachís y la marihuana porque, según él, son naturales. Tras darle una calada a un canuto, mira hacia la cámara y suelta el humo apuntando hacia ella. Después, vemos a un señor maduro también dándole al porro; a continuación, un abuelo afirma que deberían legalizar la maría y prohibir el tabaco, porque este es peor que aquella, y dice que él fuma maría para el dolor de la rodilla pero no es ningún drogadicto, y se queja de que sea ilegal.

19 / 9 / 2010, 21.30 horas: Unos jovencitos hacen payasadas en la arena con el canuto en la mano. “Son los efectos de la marihuana”. Una señora sentada cerca de ellos les ríe las gracias. Más tarde, un chico se tira al mar desde lo alto de un acantilado saludando a la cámara y diciendo “ola, ola”, lo que indica que el programa apoya y fomenta una actividad prohibida. En Ibiza, se repiten las imágenes de los jóvenes que hacen apología de las drogas que consumen, mientras que otro recomienda ante la cámara que la gente no se drogue, que los políticos no erradican la droga porque no quieren.

Nos quedamos con esta frase, que constituye la excepción dentro de un conjunto de emisiones en las que, la gran mayoría de las veces, la exhibición de comportamientos perjudiciales para la salud mental de las personas no ha venido compensada ni por actitudes críticas ni por la exposición de las consecuencias que comportan estos hábitos. Precisamente por esto, por la ocultación del lado negativo del consumo de drogas, una parte de los espectadores, sobre todo los más jóvenes, podrá pensar que al fin y al cabo el “ponerse hasta las patas” no debe de ser tan malo.

“21 días”, en Cuatro

La noche del 27 de marzo de 2009, la cadena Cuatro emite el reportaje “21 días fumando porros” (repetido por Cuatro el 9 de mayo de 2010 a las 23 horas, y el 24 de agosto de 2010 a las doce de la noche), en el que una joven periodista cobaya fuma cannabis durante tres semanas para experimentar sus efectos.

“Tortilla, tortilla… de marihuana”. Comienza el documental con imágenes de la joven periodista fumando porros con su mentora, una señora mayor que habitualmente fuma antes de acostarse, y que al día siguiente aparece conduciendo un automóvil. “La marihuana es la mejor droga para dormir”. Al quinto día, la joven admite que ya no le está gustando. Un farmacólogo que aparece con frecuencia en reportajes de este tipo explica que cuando se vuelve adicto al cannabis, el cerebro quedará modificado por mucho tiempo. Al sexto día, la joven expresa lo que siente: “Ay,qué locura, Dios mío, todo el día fumando porros… Te entra un hambre… Empiezas a comer y no paras”. La periodista reconoce que no tiene buena memoria.

Para poder pasar tres días en Proyecto Hombre de Mallorca, la muchacha debe dejar de fumar. En el centro, las actividades rutinarias mantienen a los adictos ocupados. Cada vez hay más consumidores crónicos que quieren dejar el cannabis, y muchos de ellos tienen depresión, esquizofrenia o brotes psicóticos: “Los porros te enganchan”; “si no consumes, te sientes mal”; “si no tienes tu dosis de maría, la primera persona a la que haces daño es tu madre, tu familia”. Los mismos consumidores se muestran contrarios a la legalización de la marihuana: “Sería un desastre”.

Cuando la periodista sale de Proyecto Hombre, vuelve a fumar: “El cannabis me agota. Tengo que irme al sofá”. Entonces visita a un cultivador de una asociación legal que distribuye marihuana a sus socios, no siempre con fines terapéuticos. El hombre se queja de que están todo el rato rozando la ilegalidad: “Hay un gran negocio en prohibir”. Una enferma de esclerosis múltiple afirma que le palia los dolores, pero la periodista piensa que debería haber un médico supervisando ese consumo. Otro de los clientes de la asociación la lleva a la playa, y mientras conduce el coche le dice que fumar cannabis le sirve para relajarse y para desconectar.

El decimocuarto día, a pesar de que no se encuentra bien de tanto fumar, la periodista entrevista a un conocido filósofo en su casa: “La marihuana añade al día ese toque de lucidez depresiva”; “la marihuana cambia el estado de ánimo”. La joven le pregunta si la marihuana puede tener efectos perjudiciales y el filósofo responde que sí; al final se avergüenza de haberle hecho la entrevista colocada porque se le olvidaban las preguntas.

El decimoséptimo día, la reportera viaja a Ámsterdam. Sólo en el centro de la ciudad hay un centenar de coffee shops, en los que se expenden distintas variedades de cannabis. La periodista sale de un coffee con mareos, sufre un subidón y esta sensación la asusta. Al día siguiente, la joven vuelve al coffee shop con unos holandeses que se ponen a aspirar de un globo, y allí conoce a una familia estadounidense que reside en Ámsterdam desde hace años; padres e hijos van juntos todos los días a fumar en familia, y la madre hace un elogio de la libertad. La periodista no entiende cómo estos norteamericanos fuman tanto y aguantan. La asistencia a la feria del cannabis que se celebra en esta ciudad permite a miles de americanos ponerse hasta las cejas sin que los metan en la cárcel. Más tarde, un gurú de la marihuana para el que esta planta es sagrada afirma que la hierba te abre el corazón. La reportera se suma a un grupo de personas que acuden a fumar con él, pero al rato pierde la percepción del espacio y confiesa tener miedo. Sin embargo, los hippies le dicen que disfrute del momento; la muchacha se tumba en la cama y otro se tiende junto a ella y trata de tranquilizarla. “Lo que fuma esta gente es superfuerte”.

De nuevo en España, entrevista a un exconsumidor que ha conseguido dejar los porros tras llevarse 25 años fumando cannabis. Dice que no hacía más que hablar de los colocones, y que sin el apoyo de su mujer, de sus hijos y de Proyecto Hombre, no habría salido de la adicción. “Nunca sabías con qué humor llegaría a casa”. Habiendo vivido lo que ha vivido, el hombre es contrario a la legalización.

Al final de la emisión, la periodista resume así su experiencia: “Tras veintiún días, para mí está claro que no es una sustancia inocua. Me afecta a la concentración, a la memoria… Hay mucha gente que no sabe lo que se está fumando, y lo peor son los jóvenes en edad escolar. ¿Qué va a ser de su rendimiento y de su salud? Sinceramente, no me quiero fumar ni un porro más”.

La noche del 24 al 25 de abril de 2009, Cuatro emite un nuevo reportaje de la serie “21 días” en el que la periodista convive con los habitantes de las chabolas de las afueras de Sevilla. Un joven que está desintoxicándose explica que entró en la droga cuando era un niño, fumando porros, y reconoce que la droga no le ha aportado nada bueno y que le ha robado el cariño de su familia.

El 5 de noviembre de 2010, a las 23.20 horas, Cuatro emite el reportaje “21 días bebiendo alcohol”, en el que se recogen los testimonios de varias personas a las que el alcohol les ha arruinado la vida.

Vámonos todos a Ámsterdam

Hace ya mucho tiempo que la mayoría de los medios de comunicación españoles vienen difundiendo la idea de que la política permisiva de los Países Bajos en materia de drogas es un ejemplo a seguir, y periódicamente se nos recuerda que en los coffee shops de Ámsterdam es posible colocarse sin que llegue un guardia y te multe, a la vez que se silencian los perjuicios que tales medidas han supuesto para la sociedad neerlandesa y se insiste en la pretendida inocuidad del cannabis. Relacionamos a continuación varias emisiones que en los últimos años han hecho referencia a los fumaderos de esta ciudad europea.

En junio de 2004, nos sorprende un anuncio de la compañía aérea Basiqair emitido por Telemadrid: “¿Quieres flipar? Ámsterdam 49 euros”.

El 6 de mayo de 2007, a las 18 horas, Telemadrid emite, dentro del programa “Destino Europa”, un reportaje sobre la ciudad de Ámsterdam, en el que un estudiante español de ciencias económicas con una beca Erasmus lleva al presentador del programa al barrio rojo de la ciudad. “En Madrid, te tomas un café y te despiertas. Aquí vienes a un coffee shop, te fumas un porro y te despiertas”. La cámara enfoca a los clientes del establecimiento mientras se lían canutos y se los fuman, y también la lista de los distintos tipos de marihuana y de hachís que se venden. El presentador del programa da un paso más y le da una calada al porro delante de la cámara, para a continuación dirigirse al operador: “Oye, corta, que yo no fumo, que esto era para ver cómo era un coffee shop“. Otro estudiante opina que el hecho de regular el consumo de esta droga es positivo, al igual que la regularización de la prostitución. Hay que decir que la producción de este programa con el dinero de los contribuyentes, la actitud transgresora del presentador y su emisión en horario infantil nos han parecido particularmente fuertes. Este reportaje fue retransmitido de nuevo por Telemadrid el 9 de agosto de 2008 a las 21 horas.

 El 25 de agosto de 2009, sobre las 22.00 horas, TVE1 emite, dentro del programa “Españoles por el mundo”, otro documental dedicado a Ámsterdam. Una española que vive en la ciudad holandesa muestra todas las bolsitas de marihuana que le han ido dejando los amigos que han pasado por su casa. También enseña un porro ya preparado, y una droga para gatos que vuelve loca a su gata.

El 21 de septiembre de 2009, a las 23.30 horas, en Cuatro, “Callejeros viajeros” también dedica otro capítulo a la ciudad de Ámsterdam (repetido la noche del 6 al 7 de septiembre de 2010, a las 0.36 horas). Una joven española trabaja en un coffee shop y muestra a la cámara distintos preparados a base de marihuana. Cada bolsita de hierba lleva un prospecto que indica los efectos que produce, como relajarse o marearse. Por supuesto, la cámara enfoca a un cliente que se está fumando un porro. La camarera dice que las autoridades pretenden cerrar todos los coffee shops de aquí a tres años, pero lo ve difícil porque el turismo depende de ellos. Más tarde, la reportera va a casa de unos españoles que viven en Ámsterdam; uno de ellos se lía un canuto delante de la cámara. En la calle, unos turistas españoles, padre e hijo, llevan chupa-chups de cannabis, y la periodista entra en una tienda de setas alucinógenas. Tras visitar canales y museos, la reportera visita otro coffee shop, donde un joven le explica todos los pormenores del comercio y el consumo de cannabis, y afirma que la marihuana para él lo es todo. En la calle, otro individuo se lía otro porro. Más tarde, un camello que trafica con cocaína en un callejón muestra la mercancía a la cámara. Dice que el Estado holandés lo subvenciona con mil euros al mes.

El viernes 11 de diciembre de 2009, a las 22.30 horas, la cadena Veo7 emite, dentro del programa “Investigación al descubierto”, un documental dedicado exclusivamente al cannabis en el que los reporteros viajan a Ámsterdam (programa ya reseñado).

El 10 de enero de 2011, a las 2.40 de la madrugada, Cuatro emite, dentro del espacio “Ciudades del pecado”, otro reportaje dedicado a Ámsterdam, “la ciudad perfecta para probar nuevas sensaciones”.

Tres reportajes de la cadena Veo 7

Vaya por delante nuestro agradecimiento al periódico El Mundo y a su cadena de televisión, Veo7, por haber destapado tantos casos de corrupción en la Administración Pública española y por su empeño en descubrir a los verdaderos autores de la masacre del 11 de marzo de 2004, al contrario que la mayoría de los medios de comunicación españoles, que no quieren saber nada del asunto. Sin embargo, nos duele decir que la manera en que el canal Veo7ha tratado el tema del comercio y el consumo de drogas en España en tres emisiones recientes no nos parece la más adecuada.

1) El Viernes 18 de septiembre de 2009, sobre las 22 horas, Veo7 emitió, dentro del programa “Investigación al descubierto” un reportaje sobre el cultivo de hachís en Marruecos y su transporte hasta el sur de España, en el que se muestra cómo los jóvenes traficantes de Barbate y otros pueblos del litoral, conocidos como “bosquimanos”, consiguen grandes sumas de dinero por recoger los paquetes de droga de la costa y llegan a desafiar abiertamente a los agentes de la autoridad que les impiden recibir la mercancía en la playa. Un “bosquimano” propone al periodista que pruebe un porro y el reportero, que lleva una cámara escondida, acepta. El joven, al jactarse de que su familia trafica con todo tipo de drogas, demuestra que hay familias enteras dedicadas a este negocio. Otro traficante confiesa que hay mucha pasta en juego y que mucha gente ha muerto por ello. Da la casualidad de que una tienda de telefonía móvil de Barbate es la que más móviles vende de toda España.

2) El viernes 11 de diciembre de 2009, a las 22.30 horas, la cadena Veo7 emitió, dentro del programa “Investigación al descubierto”, otro documental dedicado exclusivamente al cannabis. Al principio de esta emisión, los reporteros, encubriendo una videocámara, preguntan en varios bares si pueden fumarse un porro; en algunos locales no les dejan porque el olor les delataría, mientras que en otros bares hacen la vista gorda. “A pesar de la ley, el consumo en locales públicos es un hecho. Sólo hay que saber dónde y cuándo”. En otro bar cuyo dueño es el que trafica con la droga, los clientes esperan a que llegue el “perejil”. Más tarde, el dependiente de un grow shop explica cómo cultivar la marihuana. La reportera le da la razón al dependiente cuando este critica lo absurda que es la ley. “El vacío legal que hay sobre estas semillas hace que podamos comprarlas sin problemas. No obstante, se están cerrando locales.” Acto seguido, los periodistas visitan una plantación casera. El cultivador les enseña, con un canuto en la mano, cómo sacar las plantas adelante, dando detalles sobre la regulación del pH de la tierra, la ventilación, el riego por goteo, la humedad y la temperatura. El hombre se queja de que en la calle puedes beber un cubata pero no puedes fumar un porro, y dice que hay que cambiar la ley.

A continuación, Melchor Miralles señala que otros países han decidido que es mejor legalizar la marihuana. Los reporteros del programa viajan a Ámsterdam, ciudad holandesa que los fines de semana triplica su población. Se informa de que hay jóvenes europeos que se pasan todo el fin de semana fumando en los coffee shops, se explica cómo son estos locales y también cómo se usan libros sin fondo y falsas latas de refresco para transportar cómodamente la droga a otros países; entonces los reporteros los utilizan para llevar escondida la marihuana en el equipaje y logran pasar por los aeropuertos con éxito. También la envían a España por correo, como al parecer hacen muchos españoles, y la mercancía llega a su destino sin problema.
De nuevo en nuestro país, los periodistas recogen la opinión de varios personajes conocidos sobre el cannabis: un director de cine pide la legalización diciendo que la marihuana es una droga inocente; una veterana periodista también considera que no es dañina, pero pide que la ley se deje como está; un sociólogo afirma que el que toma drogas duras empezó tomando drogas blandas y que el cannabis es nocivo para la salud; un cantante y una actriz también piden su legalización; un humorista se queja de la exageración de quienes relacionan la marihuana con la heroína diciendo que la una lleva a la otra.

El reportaje informa a renglón seguido sobre el uso terapéutico de la marihuana y las asociaciones dedicadas al estudio del cannabis. Se repite el didáctico plano de las manos que preparan un porro. La marihuana forma parte del tratamiento de una señora que padece esclerosis múltiple; la señora tritura la marihuana y la fuma con una pipa de agua delante de la cámara. Según su médico, lo mejor es fumarla, porque así de los pulmones pasa a la sangre, pero ella la fuma con la pipa de agua porque está mal de los bronquios.

Al final del reportaje se hace una apología descarada del cannabis cuando se da publicidad a la sexta edición de la copa de la marihuana. Los fumadores se preparan los porros mientras hablan con el reportero. Uno alaba los distintos “pedos” que se puede uno coger utilizando las distintas variedades de la planta. Los apartados del premio son “mejor colocón”, “mejor gusto” y “mejor aspecto”. Los organizadores del certamen se quejan de la represión. “Es la sexta copa de la marihuana y es la primera vez que gana una mujer”, declaran ante el micrófono, y el público estalla en aplausos.

Melchor Miralles concluye diciendo que “son muchas las voces que piden que esta droga se legalice”, y que el ejemplo de Holanda mantiene abierto el debate sobre la legalización en otros países europeos. En este reportaje de Veo7 no se mencionan los efectos más negativos del cannabis; únicamente se citan de pasada algunos efectos adversos, como los problemas de memoria y de aprendizaje y los ataques de pánico, pero no se profundiza en ellos. Aunque se dice que los científicos están de acuerdo en que la marihuana fumada no se debe utilizar como medicamento, después la paciente que la fuma con pipa dice estar autorizada por su médico.

3) A las doce de la noche del 5 al 6 de marzo de 2010, la cadena Veo7 emitió, dentro del programa “Investigación al descubierto”, el reportaje titulado Drogas al salir de clase. El documental, que versa sobre el consumo de drogas por los menores españoles, comienza con imágenes de botellones en los que los participantes enseñan ante la cámara las drogas que consumen, y cómo se lían y se fuman los canutos, en una exhibición parecida a la que se emite hasta la saciedad en el programa “Callejeros” de la cadena Cuatro. En Castellón, los jóvenes, que aparecen con el rostro difuminado, se drogan en el aparcamiento de una discoteca y alaban las sustancias que consumen: “Ketamina, buena buena de verdad”. “Eso es bueno, eso es bueno”. “Tripis, LSD, éxtasis, de todo un poco, de todo un poco”. Dentro de un coche se preparan las rayas de cocaína. “¿Y vuestros padres qué dicen de eso?”, les pregunta el reportero. “Mis padres son los mejores de España”, responde uno.

En Leganés, el periodista, con cámara oculta, pregunta a unos chicos dónde puede conseguir hachís, y estos le responden que en cualquier bar. Un niño de trece años conduce al reportero hasta una tasca, y al cabo de unos minutos el reportero le compra la droga al barman. La libertad con la que todos los años se celebra la fiesta de San Canuto en el campus de la Universidad Autónoma de Madrid es otra prueba de lo normalizado que está el consumo de hachís en España. En esta celebración, los jóvenes y los niños muestran ante la videocámara los porros que se fuman, desmenuzan la hierba en la palma de la mano y dicen que esta droga es lo mejor para cuando no te encuentras bien de ánimo. Una chica afirma que los padres que piensan que sus hijos no fuman porros se equivocan, porque todos fuman, y además justifica el tráfico de drogas alegando que el traficante se tiene que ganar la vida. Cuando el reportero les pregunta de dónde sacan el dinero, responden que de la paga semanal que les dan sus padres. “Hay asignaturas que las puedes hacer de puta madre fumado, de hecho a mí me ayuda”, asegura un universitario.

A continuación se muestra cómo la droga se introduce en los colegios. En Alcorcón, a la salida de un instituto, un periodista con cámara oculta pregunta a los jóvenes dónde puede pillar, y de nuevo un chico le señala en qué bares se puede comprar hachís. El dueño de un local que ya fue cerrado durante varios meses porque en su interior se consumían drogas, despacha el género al reportero en la misma barra del bar. Lo mismo ocurre a la salida de un colegio de un barrio de clase acomodada en la capital de España: la reportera pregunta a una niña y esta la remite a otro alumno que le puede conseguir hachís. En la parada del autobús los alumnos fuman sin problemas. Más tarde, se describe el funcionamiento del “telecoca”. El reportero llama a una traficante por teléfono para que le traiga la droga, y a los 15 minutos ésta se presenta en el portal de su casa; el periodista baja a la calle con la cámara escondida y dentro del coche la traficante le da más detalles sobre su actividad.

Hay que reconocer que, en este último reportaje, la cadena Veo7 sí que ha dado información sobre las consecuencias negativas que estas sustancias tienen para la salud de sus consumidores y para sus familias, intercalando los testimonios de expertos y de jóvenes en rehabilitación entre las distintas partes del documental. Así, un psiquiatra explica los efectos del consumo de cocaína y lamenta que se minusvalore el consumo de hachís, ya que el cannabis va destruyendo las neuronas e incluso puede causar esquizofrenia. El médico añade que el consumo brutal de drogas los fines de semana acarrea una disminución del aporte de sangre al cerebro que provoca la muerte de las neuronas. Y un chico de diecisiete años que está en tratamiento en Proyecto Joven relata cómo empezó a fumar hachís a los trece años y de ahí pasó luego a la cocaína, confiesa que ha sufrido mucho y que gracias a sus padres ha salido del agujero. Por otra parte, un hombre en silla de ruedas que sufrió un accidente de trafico cuando conducía tras haber consumido drogas da charlas a los estudiantes sobre las consecuencias que pueden tener estos comportamientos.

Al final, el locutor de “Investigación al descubierto” informa de que las cifras de los menores consumidores aumenta cada año. Lo que no dice es que a lo mejor la situación sería distinta si las cadenas de televisión no dieran tantas ideas y si determinados periódicos no revistieran el consumo de drogas de una inofensiva normalidad. Porque la lucha contra la corrupción de los cargos públicos no se compadece con la apología de las sustancias que anulan la voluntad de una buena parte de los españoles y que hunden en la desesperación a sus familias, machacadas por la violencia y aniquiladas tras la muerte de sus seres queridos, ya sea en accidentes, por enfermedades o debido a los cada vez más numerosos suicidios. ¿Se va a atrever algún medio de comunicación a desvelar la relación existente entre el suicidio y el consumo de drogas?