En España, las cadenas de televisión públicas tienen carta blanca para hacer apología de las drogas

Tras abogar por la legalización de las drogas para que puedan usarse como fuente de conocimiento, el presentador, un “intelectual de referencia”, charla con un escritor y un músico amigos suyos, “dos conciencias lúcidas”, sobre sus años mozos.—¿Tú viajaste bien o viajaste con dificultad?

—Hice un par de viajecitos, he curioseado con muchas cosas… Las farmacias dispensaban anfetaminas, ahora todo el mundo toma centroaminas antes de los exámenes.

—Los hippies buscábamos estados alternativos de conciencia… Con el LSD estabas en otro estado de percepción… Para mí fue interesantísimo, hubo momentos de horror pero otros que me sirvieron para comprender la realidad… No se lo recomiendo a nadie… Si Aldous Huxley lo hizo y se quedó bien, yo también… Gracias a las drogas se comprende mejor la muerte.

—No hay un solo veneno que sea inútil.

—Las drogas son neutras, están ahí, lo grave es la adicción.

—Ahora los jóvenes tienen más poder adquisitivo… La prohibición ha estimulado el tráfico. Lo que en las farmacias costaba x, ahora en la calle cuesta x partido por dos. Aunque estamos de acuerdo en que ciertas cosas hay que prohibirlas… Pero las prohibiciones crean un mercado negro. La prohibición es un experimento moral. Llevamos casi 100 años de prohibición, pero cada vez hay más usuarios y no hay tantas sobredosis como hace 20 años. Las muertes han descendido, los jóvenes de hoy no mueren tanto como sería de prever. Los yonquis han dejado la aguja, la heroína no ha bajado, ha cambiado la pauta de consumo.

Acto seguido, un cantante interpreta la canción Yonqui de ti, gracias por existir. Después se incorporan a la tertulia un jurista y el médico responsable del programa de mantenimiento con heroína de la Junta de Andalucía.

—Los que abusan de las drogas presentan un problema sanitario, no de derecho penal. Debería ser posible que los adultos tuvieran acceso a las drogas de manera normalizada.
—Utilizamos la heroína como alternativa para pacientes que han fracasado con la metadona. Primero se hizo en Suiza, después lo llevamos a cabo nosotros en Granada y ahora lo están haciendo en Alemania y en Canadá. Con la heroína mejoran más que con la metadona, ya no delinquen y vuelven con sus familias. Los hemos tratado bien, como a un paciente más, en un hospital bien acondicionado.
—En la metadona no encuentran la euforia que encuentran en la heroína.
—Hay gente a la que le va bien con la metadona.
—Goya usó el láudano, que se extrae del opio, para pintar, y pintó magníficamente. Goethe, quien también iba a la botica a drogarse, hoy sería un drogodependiente.
—Hay que avanzar en la política de reducción de daños. La metadona ha permitido a mucha gente salir del pozo, pero la heroína es más eficaz para otros pacientes.
—Estamos hablando de mantenimiento en las drogas. En la jurisprudencia norteamericana esto era un escándalo, al consumidor había que sacarlo.
—Nuestro Tribunal Supremo está pidiendo que se rebajen las penas para los pequeños traficantes de drogas, porque son desmesuradas. El 40 % de los delitos en España tienen que ver con el tráfico de drogas… Las drogas no van a desaparecer de la sociedad, tenemos que convivir con ellas. Están presentes en nuestras sociedades porque producen bienestar. Hay que diferenciar entre el uso y el abuso de las drogas…. La que produce más dependencia en nuestro país es el alcohol. Pero de 40 millones de habitantes, sólo hay 800.000 alcohólicos, luego la sociedad española sabe cómo consumir el alcohol. Hay que desarrollar pautas de consumo responsables.
—El problema es la adicción, no la sustancia.

A continuación, dos músicos son entrevistados tras cantar Amapola, lindísima amapola.

—Ahora la gente joven consume demasiadas drogas. Me alegro de que no haya la misma mortalidad que había en mis tiempos. Vuestra generación, por fortuna, no se muere tanto. Tengo siete hijos que están en edad, y no se me ha muerto ninguno.
—Las clínicas están llenas de pastilleros.
—La gente lo mezcla todo.
—Me pregunto si la gente toma drogas por infelicidad.
—Hay de todo, las toman por infelicidad, por inseguridad, por experimentar…
—No hemos mencionado el aburrimiento… Una de las razones es hacer comunidad con otros… La progresiva desaparición del espacio externo debida a la superpoblación implica que tengamos que ampliar el espacio interno, y para eso están las drogas, esa es su función. El hecho de que las consuma la juventud es nuevo, y el hecho de que la juventud tenga tanto poder adquisitivo también es nuevo.
—Hay personas que dejan de fumar porros porque ya no les relajan, sino que les causan situaciones problemáticas.
—Tomar drogas es parecido a conducir un coche o pilotar un avión: hay que hacer un aprendizaje.
—La gente no sabe cuáles son los efectos, sabe que hay muchos tipos de drogas, pero no conoce sus efectos.
—Pero si las legalizas también las entregas al sistema… Las drogas son algo muy personal, quien las toma sus razones tendrá.
—Lo preocupante es que cada vez empiezan a consumir antes… La prohibición creó un mercado negro que ha diversificado los productos y los ha puesto a disposición de los más jóvenes.
—Una pastilla es más barata que una copa.
—Al llegar el euro, todo ha subido de precio menos las drogas. La actitud alarmista ante las drogas está basada en que cuanto más se hable mal de ellas y más se ilegalicen, mejor, y ha pasado lo contrario.
—Yo creo que la gente siempre se ha drogado y siempre se va a drogar.
—A pesar de la represión policial, lo único que se ha conseguido es que hayan bajado de precio. La guerra contra las drogas, que ha durado 80 años, ha terminado. Ahora tenemos que adaptarnos a una nueva situación… Toda prevención destinada a nuestros hijos será ineficaz si no está prevista para el uso en lugar de estarlo para la abstinencia.

Bueno, pues esto es lo que hay. En esta emisión del programa “Carta blanca”, producida por la segunda cadena de Televisión Española, La 2, y que tuvo lugar el jueves 12 de octubre de 2006, a las 23.30 horas, no se dio la voz a nadie que pudiera discrepar del punto de vista del presentador; se repitió que los únicos riesgos que comporta el consumo de estupefacientes son la adicción y la sobredosis, y no se hizo referencia ni a los trastornos mentales, ni a los comportamientos violentos, ni a los suicidios, ni a los accidentes de tráfico; se culpó del alto consumo de drogas por parte de los jóvenes a la prohibición (cuando según las encuestas son pocos los que lo hacen por el gusto de lo prohibido); se ocultó que la legalización ya ha fracasado en varios países, y no se habló para nada de la responsabilidad de aquellos que no han parado de hacer apología de las drogas durante décadas. El presentador en cuestión fue a su vez entrevistado en el programa “Ratones coloraos”, emitido el miércoles 16 de enero de 2008 a las 22 horas en Telemadrid, y probablemente también en las demás cadenas autonómicas en distintas fechas. Allí calificó como una salvajada el que en un Estado moderno se pueda exigir a los conductores que permitan que se les saque sangre cuando van conduciendo, y afirmó que “la cocaína, la anfetamina o el café son convenientes para la conducción de maquinaria; en cambio, las pastillas para dormir perturban la capacidad de conducción”. Al final, el periodista le preguntó: “¿Es bueno probarlo todo antes de hablar?”

Para nuestra desgracia, una buena parte del dinero proveniente de los impuestos que pagamos los ciudadanos está destinada a la financiación de Radio Televisión Española y de las cadenas regionales de las distintas comunidades autónomas. Estos medios de comunicación llevan muchos años despilfarrando nuestros recursos, y sabido es que no potencian ni la educación ni la democracia, y que sus informativos ocultan los casos de corrupción de las administraciones de las que dependen. Lo que no es muy conocido es el hecho de que, por mucho que en los anuncios de la FAD nos repitan la frasecita “con la colaboración de Televisión Española”, y por mucho que últimamente en algunos de sus reportajes se mencionen por encima los problemas que acarrea la drogadicción para la salud mental, los canales públicos han contribuido a difundir la idea de que existe un consumo responsable de las drogas, de que se nos ha metido un miedo injustificado y de que no ocurre nada por usarlas de vez en cuando. No se han esforzado por divulgar las distintas maneras en que los ciudadanos pueden intentar controlar las decisiones de los políticos y luchar contra la corrupción, no. Ellos están al servicio de quienes desean vernos a todos bien narcotizados.

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La reacción tardía de las instituciones

El 9 de mayo de 2008, un día antes de la marcha por la legalización de la marihuana, la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción presentó en Madrid la que quizá sea una de sus mejores campañas, la trigésimo tercera, que acierta en el diagnóstico de la situación actual de nuestro país. En un cartel, un joven fotografiado de perfil se prepara una raya de cocaína sobre su cartera con la ayuda de su tarjeta de crédito. Una multitud de fotografías de tamaño carné, de sus familiares y amigos, componen la imagen de su cerebro. En la segunda imagen de la campaña, una chica con la boca entreabierta muestra una pastilla sobre su lengua, y las fotos de sus allegados dan forma a su corazón. La leyenda que figura al pie de ambas estampas es la siguiente: “Las drogas no sólo perjudican a quienes las consumen. Malos tratos, violencia, accidentes de tráfico, accidentes laborales, problemas escolares”.

Los carteles se pegaron por las calles de Madrid en junio de 2008 y en septiembre han vuelto a editarlos. Hay que felicitarse de este cambio de actitud de la FAD (que advierte a los aficionados al colocón que sus actos no sólo les incumben a ellos, sino que también repercuten en su entorno más próximo) porque por desgracia otras campañas de la misma fundación dejaban bastante que desear. La de “la educación lo es todo” era muy tímida, apenas decía nada, y uno se pregunta si las rápidas escenas del spot de noviembre de 2007, en las que, con una canción alegre de fondo, se daba a entender que unos jóvenes trapicheaban con drogas, las cultivaban y las consumían, no serían contraproducentes a pesar del lema final (“lo más peligroso de las drogas es olvidarnos de lo que realmente son”).

Por otro lado, el Plan Nacional sobre Drogas, dependiente del Ministerio de Sanidad, presentó en octubre de 2006 la campaña “Drogas: hay trenes que es mejor no coger”, en la que esta frase aparecía en carteles que mostraban unas vías hechas de marihuana y de cocaína. Los carteles que se distribuyeron por la vía pública contenían los siguientes mensajes:

Cannabis. Hay trenes que es mejor no coger. Depresión, ansiedad, fracaso escolar, dependencia, problemas neurológicos”.
Cocaína. Hay trenes que es mejor no coger. Euforia, falso control, ansiedad, problemas familiares, fracaso escolar, adicción”.

Los anuncios publicados en la prensa daban más información:

Cannabis. Hay trenes que es mejor no coger. Problemas de memoria y concentración, estar más agresivo, bajo rendimiento escolar, estar apático, tener depresiones, mayor probabilidad de accidentes y enfermedades mentales… Es así de fácil. Si consumes cannabis, solo o en combinación con otras drogas, este será tu tren de vida. ¿De verdad quieres subir?”
Cocaína. Hay trenes que es mejor no coger. Estar irritable, comer mal, dormir poco, tener paranoias o alucinaciones, sufrir taquicardias, perder el control, mayor accidentabilidad, problemas cardiovasculares y sexuales… Es así de fácil. Si consumes cocaína, sola o en combinación con otras drogas, este será tu tren de vida. ¿De verdad quieres subir?”

La campaña “Drogas: hay trenes que es mejor no coger” también incluía un anuncio, emitido en octubre de 2006 por las cadenas de televisión, en el que se mostraba con detalle cómo varios jóvenes esnifaban coca y daban caladas a porros, a la vez que, entre el sonido de la inspiración y el de la espiración, se exponían las consecuencias de la adicción a las drogas: tristeza, nerviosismo, apatía, violencia y, por último, el traslado al hospital en ambulancia. De nuevo cabe preguntarse si mostrar, a cualquier hora del día, a gente esnifando de manera explícita delante de la cámara, no podría despertar la curiosidad de los más pequeños hacia el polvo blanco.

Con estos anuncios, el Plan Nacional sobre Drogas ha tratado de combatir la baja percepción que tienen los jóvenes del riesgo que corren metiéndose o fumando estas sustancias, y por primera vez ha explicado en voz alta a la ciudadanía las consecuencias negativas que comportan estas drogas para la salud mental. Pero, al igual que la FAD, lo ha hecho demasiado tarde, cuando ya son demasiados los niños trastornados, demasiadas las familias destrozadas, demasiadas las muertes en la carretera, demasiados los asesinatos. Sin ánimo de ser injustos, podemos decir que antes de estas dos campañas, la fundación privada y el organismo público han sido muy, pero que muy tibios. Porque los vídeos, folletos y libritos, que en ocasiones parecen manuales de uso de las diferentes sustancias, ni llegan a todo el mundo ni divulgan todo lo que hay que explicar, sobre todo en lo relativo al cannabis. Y lo que es peor: todavía hoy siguen sin denunciar la multitud de mensajes que a favor de los estupefacientes transmiten continuamente el cine y todas las cadenas de televisión. Pero no lo denuncian ni la FAD, ni el PNSD, ni ninguna de las organizaciones que reciben subvenciones para prestar asistencia a los drogadictos. Ninguna.