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Empezamos bien el año

El martes 3 de enero de 2012, la segunda cadena de Televisión Española, La 2, dejó claro que el cambio de gobierno no va a afectar para nada a la misión que esta cadena tiene encomendada. A las siete de la tarde emitió la película francesa Una casa de locos (L’auberge espagnole), de Cédric Klapisch, en la que un grupo de estudiantes universitarios de diferentes orígenes comparten piso en Barcelona y fuman cannabis con normalidad, sin que ello les resulte perjudicial (película por cierto ya emitida en varias ocasiones por La 2: que sepamos, el 17 de febrero de 2005, el 2 de diciembre de 2005, y el 21 de junio de 2010). Y más tarde, a las diez de la noche, transmitió la película Jóvenes, de Ramón Térmens  y Carles Torras, que no pudimos ver y por lo tanto no sabemos cómo acaba, pero que desde el comienzo muestra a los protagonistas metiéndose de todo por el cuerpo.

La Sexta 2, por su parte, repitió a la una de la madrugada del martes al miércoles el reportaje de “Vidas anónimas” (ya emitido el 18 de noviembre de 2011) en el que una asociación de cultivadores de marihuana hace continuamente apología de esta droga (por supuesto, sin hacer referencia para nada a sus efectos negativos), mientras que la segunda cadena de Telemadrid, La Otra, emitía a la misma hora un episodio de la serie Nip/Tuck en el que uno de los cirujanos protagonistas aspiraba droga a través de un vaporizador en compañía de dos guapas jovencitas.

Rajoy no les meterá mano a las televisiones públicas, no. Porque estas cadenas se apropian indebidamente de unos fondos que deberían destinarse a otros proyectos más necesarios para el bien de la mayoría y los emplean, entre otras cosas, para darles ideas a los jóvenes parados:

“¿Estás sin trabajo y no lo encuentras? Pues drógate, hombre, drógate. ¿No le ves salida a tu situación? Pues empórrate, hombre, empórrate. Y luego vas a casita a gritarles a tus padres, que tienen la culpa de todo. Y sobre todo no mires al cielo, ¿eh?, ni se te ocurra preguntarte qué están haciendo esos aviones que continuamente sobrevuelan nuestras ciudades dejando detrás un rastro de porquería. Tú a drogarte, a ponerte hasta las cejas, que eso es propio de rebeldes, como muchos de los acampados en la Puerta del Sol. Y no estudies, ¿eh?, que está visto que no sirve para nada. Total, con todo lo que te has metido, ¿vas a poder concentrarte? Tú despreocúpate y déjanos a nosotros gestionar los bienes públicos, y vive la vida en estado de embriaguez perpetua. No despiertes, hombre, no despiertes. Y sigue gritándoles a tus padres”.

Lo mismo hacen las cadenas privadas, como venimos dejando patente en este blog, pero por lo menos no lo hacen con el dinero que nos sacan a través de los impuestos. Y viene este señor y lo primero que hace es subírnoslos. Y no cerrará las televisiones públicas, no. Ni una queja le hemos oído pronunciar contra el fomento del consumo de drogas a través de los medios de comunicación públicos en los ocho años que ha estado en la oposición.

“La guerra en casa”, en La 2

 
 

La comedia de situación titulada La guerra en casa (The war at home), importada de Estados Unidos por la segunda cadena de Televisión Española, ha traspasado límites a los que no llegaron otras series del mismo género. 

En el episodio emitido el lunes 4 de agosto de 2008 a las 21.30 horas, el padre busca la bolsa de hierba por el dormitorio. Su esposa le pregunta si ha vuelto a fumar y le recrimina que fume a escondidas y sin compartir el material con ella, a lo que el otro responde que cuando ella está colocada, habla demasiado. “Los padres que consumen drogas tienen hijos que consumen drogas: no tengáis hijos”, suelta el cabeza de familia dirigiéndose a la cámara. Más tarde, en la misma emisión, el padre acusa a su hija adolescente de haberle robado la marihuana que guardaba en un cajón y la hija le pregunta que qué hacía esa hierba en su cajón. El padre le miente diciéndole que es para la abuela, que está enferma, con tan mala suerte que el hijo menor se entera y se lanza a la calle a comprar maríapara llevársela a su abuela. Mientras, el hijo de en medio le roba la droga a su hermana mayor (que sí se la había sustraído al padre); cuando la madre termina descubriéndola, huele la bolsa extasiada. Al día siguiente, la madre está muy contenta y el padre la acusa: “Has encontrado mi marihuana”. La otra sale corriendo: “¡Nuestra marihuana!”. Pero al final deciden tirarla porque “colocarse a ciertas edades resulta patético”. No obstante, en la escena siguiente, la abuela y una amiga de su edad aparecen colocadas, riendo a carcajadas y celebrando la ocurrencia de su nieto. La abuela se pone a bailar con mucha marcha y el público ríe y la aplaude (todo el episodio está sembrado de risas enlatadas).

Aunque en ningún momento se ven ni los canutos ni la hierba (sólo la bolsa que la contiene), se da a entender que un matrimonio de clase media, con una casa grande típicamente americana (o de serie americana) puede fumar de vez en cuando sin que ello tenga consecuencias graves. Su hija también lo hace a escondidas y no pasa nada. Al igual que en otras producciones que tratan este asunto, los únicos efectos perjudiciales que se mencionan son la posibilidad de que el cannabis pueda llevar a consumir drogas más duras y los fallos de memoria (el padre evoca la noche en la que, al regresar a casa, se dio cuenta de que había olvidado a su esposa en el concierto al que habían asistido juntos).

A estos padres modernos también les priva el alcohol: los dos aparecen borrachos delante de la hija mayor y de su amiga (25 de agosto de 2008), con lo que consiguen que su primogénita se avergüence de ellos. Los padres de la amiga, de una mentalidad a lo que se ve más retrógrada, les reprochan su actitud.

Más adelante (14 de septiembre de 2009 a las 20 horas), el papá vuelve a dar muestras de ser un hombre con experiencia cuando su mujer le pregunta si él conoce algunos aspectos del proceso de fabricación del vino y él le responde: “No, pero sé que hacen falta un papelillo y un filtro para hacer un canuto”.

Obviamente, la realidad de muchas de las familias en las que los adultos consumen drogas no mueve a risa, y menos a los niños que conviven con ellos (se habla muy poco del maltrato infantil), por mucho que a través de las series de televisión y de las películas se nos quiera convencer de que el colocón ocasional y la buena crianza de los hijos son compatibles. Tampoco tienen gracia los cambios comportamentales que acarrea el consumo de drogas en los adolescentes. En la guerra en casa de verdad, lo que se oye de fondo no son risas precisamente.

Una serie emitida por Televisión Española

La serie norteamericana A dos metros bajo tierra (Six feet under), emitida por la segunda cadena de Televisión Española los sábados de 2005 y de 2006 a las diez de la noche, es sin lugar a dudas la que más apología ha hecho de la marihuana y de otras drogas: a ellas recurren con regularidad los miembros de la familia propietaria de una funeraria, histéricos que discuten a voces por cualquier nimiedad. Hacia el final del capítulo emitido el sábado 8 de octubre de 2005, el mayor de los hermanos está en una fiesta con unos amigos y fuma a través de un vaporizador; discute con su novia y más tarde le pide perdón por su agresividad, justificándola porque estaba “colocado”. En la emisión del sábado 15 de octubre de 2005, una mujer adicta a un medicamento tranquilizante es atendida en pleno mono por su hermana y una amiga, dos señoras mayores que empiezan a consumirlo también; las dos señoras se olvidan de la enferma, que se ha quedado dando gritos atada a la cama, y se emborrachan juntas en el jardín de la casa. En el episodio del sábado 12 de noviembre de 2005, uno de los protagonistas le sugiere al otro: “Coloquémonos”, y se fuman un canuto, hábito se ve como algo normal e inofensivo; más tarde, otro personaje comenta que él también se ha fumado otro. En la entrega del sábado 19 de noviembre de 2005, más de lo mismo: “Estamos fumando marihuana para el cáncer de mi marido. Es fantástica”. La señora, que es psicóloga y va bien vestida, pasa el porro a su interlocutor; entonces el amigo de este entra y le acusa: “Estás fumando hierba”, a lo que el otro responde: “¿Quieres una calada?”. El sábado 10 de diciembre de 2005, vemos cómo la hermana menor de la familia, estudiante de Bellas Artes, asiste a una fiesta, y nada más entrar, aspira humo a través de un tubo para colocarse. “Ya estoy mejor”, afirma, mientras los chicos del fondo fuman porros. En otra escena, la ex novia del hermano mayor charla con su nuevo amante, quien le pide su opinión sobre la posibilidad de fumar marihuana para mejorar sus relaciones sexuales, y ella confiesa: “No, ya he fumado demasiada hierba”. En el angustioso capítulo del sábado 17 de diciembre de 2005, un toxicómano secuestra a uno de los protagonistas y le obliga a fumar crack; se muestra con detalle cómo lo aspiran utilizando un tubo y papel de plata, y el único efecto desagradable es que al secuestrado se le descompone el vientre. Pero este suceso no provoca en los protagonistas ningún rechazo hacia las drogas, que normalmente no les causan daño alguno; ellos son gente integrada en la sociedad, y el espectador se lleva la impresión de que se está perdiendo algo si no fuma marihuana, que prácticamente se fuma en todos los episodios. Así, el amigo invita al protagonista: “¿Un canuto?”, y el otro acepta: “Sí, claro”; más tarde, al despedirse: “Te dejo un porrito, te vendrá bien” (sábado 7 de enero de 2006). Brenda, psicóloga, tiene problemas de pareja y va a casa de un amigo a fumar a través de una pipa de agua. “Vengo por material. ¿Qué me recomiendas?” “Galletas, hierba fresca que no huele mucho…” Más tarde, la hermana menor de la familia entra en su cuarto y lo primero que hace es encender una pipa: por la cara de placer que pone cuando aspira podemos deducir lo que ha fumado. Entonces descubre que su amigo está tirado en el suelo junto a la cama. “Creo que ayer me pasé con la ketamina”. Ella sigue fumando y le confiesa: “Soy mucho más feliz cuando estoy colocada” (sábado 14 de enero de 2006). La chica vuelve a fumar con pipa en el capítulo siguiente (sábado 21 de enero de 2006), y además una amiga le regala una bolsita de cocaína por su cumpleaños. En 2007, La 2 pasó a emitir A dos metros bajo tierra a altas horas de la noche: en el episodio del 2 de mayo, a las doce y media, Brenda fuma un canuto y bebe mientras narra sus problemas; en el de la madrugada del 16 al 17 de julio, la hermana menor, tras hacer el amor, enciende el extremo de un tubo por el que aspira el humo de la hierba; le pasa a su amigo el artilugio y él también le da una calada. “¿A que está buena?”

En España, las cadenas de televisión públicas tienen carta blanca para hacer apología de las drogas

Tras abogar por la legalización de las drogas para que puedan usarse como fuente de conocimiento, el presentador, un “intelectual de referencia”, charla con un escritor y un músico amigos suyos, “dos conciencias lúcidas”, sobre sus años mozos.—¿Tú viajaste bien o viajaste con dificultad?

—Hice un par de viajecitos, he curioseado con muchas cosas… Las farmacias dispensaban anfetaminas, ahora todo el mundo toma centroaminas antes de los exámenes.

—Los hippies buscábamos estados alternativos de conciencia… Con el LSD estabas en otro estado de percepción… Para mí fue interesantísimo, hubo momentos de horror pero otros que me sirvieron para comprender la realidad… No se lo recomiendo a nadie… Si Aldous Huxley lo hizo y se quedó bien, yo también… Gracias a las drogas se comprende mejor la muerte.

—No hay un solo veneno que sea inútil.

—Las drogas son neutras, están ahí, lo grave es la adicción.

—Ahora los jóvenes tienen más poder adquisitivo… La prohibición ha estimulado el tráfico. Lo que en las farmacias costaba x, ahora en la calle cuesta x partido por dos. Aunque estamos de acuerdo en que ciertas cosas hay que prohibirlas… Pero las prohibiciones crean un mercado negro. La prohibición es un experimento moral. Llevamos casi 100 años de prohibición, pero cada vez hay más usuarios y no hay tantas sobredosis como hace 20 años. Las muertes han descendido, los jóvenes de hoy no mueren tanto como sería de prever. Los yonquis han dejado la aguja, la heroína no ha bajado, ha cambiado la pauta de consumo.

Acto seguido, un cantante interpreta la canción Yonqui de ti, gracias por existir. Después se incorporan a la tertulia un jurista y el médico responsable del programa de mantenimiento con heroína de la Junta de Andalucía.

—Los que abusan de las drogas presentan un problema sanitario, no de derecho penal. Debería ser posible que los adultos tuvieran acceso a las drogas de manera normalizada.
—Utilizamos la heroína como alternativa para pacientes que han fracasado con la metadona. Primero se hizo en Suiza, después lo llevamos a cabo nosotros en Granada y ahora lo están haciendo en Alemania y en Canadá. Con la heroína mejoran más que con la metadona, ya no delinquen y vuelven con sus familias. Los hemos tratado bien, como a un paciente más, en un hospital bien acondicionado.
—En la metadona no encuentran la euforia que encuentran en la heroína.
—Hay gente a la que le va bien con la metadona.
—Goya usó el láudano, que se extrae del opio, para pintar, y pintó magníficamente. Goethe, quien también iba a la botica a drogarse, hoy sería un drogodependiente.
—Hay que avanzar en la política de reducción de daños. La metadona ha permitido a mucha gente salir del pozo, pero la heroína es más eficaz para otros pacientes.
—Estamos hablando de mantenimiento en las drogas. En la jurisprudencia norteamericana esto era un escándalo, al consumidor había que sacarlo.
—Nuestro Tribunal Supremo está pidiendo que se rebajen las penas para los pequeños traficantes de drogas, porque son desmesuradas. El 40 % de los delitos en España tienen que ver con el tráfico de drogas… Las drogas no van a desaparecer de la sociedad, tenemos que convivir con ellas. Están presentes en nuestras sociedades porque producen bienestar. Hay que diferenciar entre el uso y el abuso de las drogas…. La que produce más dependencia en nuestro país es el alcohol. Pero de 40 millones de habitantes, sólo hay 800.000 alcohólicos, luego la sociedad española sabe cómo consumir el alcohol. Hay que desarrollar pautas de consumo responsables.
—El problema es la adicción, no la sustancia.

A continuación, dos músicos son entrevistados tras cantar Amapola, lindísima amapola.

—Ahora la gente joven consume demasiadas drogas. Me alegro de que no haya la misma mortalidad que había en mis tiempos. Vuestra generación, por fortuna, no se muere tanto. Tengo siete hijos que están en edad, y no se me ha muerto ninguno.
—Las clínicas están llenas de pastilleros.
—La gente lo mezcla todo.
—Me pregunto si la gente toma drogas por infelicidad.
—Hay de todo, las toman por infelicidad, por inseguridad, por experimentar…
—No hemos mencionado el aburrimiento… Una de las razones es hacer comunidad con otros… La progresiva desaparición del espacio externo debida a la superpoblación implica que tengamos que ampliar el espacio interno, y para eso están las drogas, esa es su función. El hecho de que las consuma la juventud es nuevo, y el hecho de que la juventud tenga tanto poder adquisitivo también es nuevo.
—Hay personas que dejan de fumar porros porque ya no les relajan, sino que les causan situaciones problemáticas.
—Tomar drogas es parecido a conducir un coche o pilotar un avión: hay que hacer un aprendizaje.
—La gente no sabe cuáles son los efectos, sabe que hay muchos tipos de drogas, pero no conoce sus efectos.
—Pero si las legalizas también las entregas al sistema… Las drogas son algo muy personal, quien las toma sus razones tendrá.
—Lo preocupante es que cada vez empiezan a consumir antes… La prohibición creó un mercado negro que ha diversificado los productos y los ha puesto a disposición de los más jóvenes.
—Una pastilla es más barata que una copa.
—Al llegar el euro, todo ha subido de precio menos las drogas. La actitud alarmista ante las drogas está basada en que cuanto más se hable mal de ellas y más se ilegalicen, mejor, y ha pasado lo contrario.
—Yo creo que la gente siempre se ha drogado y siempre se va a drogar.
—A pesar de la represión policial, lo único que se ha conseguido es que hayan bajado de precio. La guerra contra las drogas, que ha durado 80 años, ha terminado. Ahora tenemos que adaptarnos a una nueva situación… Toda prevención destinada a nuestros hijos será ineficaz si no está prevista para el uso en lugar de estarlo para la abstinencia.

Bueno, pues esto es lo que hay. En esta emisión del programa “Carta blanca”, producida por la segunda cadena de Televisión Española, La 2, y que tuvo lugar el jueves 12 de octubre de 2006, a las 23.30 horas, no se dio la voz a nadie que pudiera discrepar del punto de vista del presentador; se repitió que los únicos riesgos que comporta el consumo de estupefacientes son la adicción y la sobredosis, y no se hizo referencia ni a los trastornos mentales, ni a los comportamientos violentos, ni a los suicidios, ni a los accidentes de tráfico; se culpó del alto consumo de drogas por parte de los jóvenes a la prohibición (cuando según las encuestas son pocos los que lo hacen por el gusto de lo prohibido); se ocultó que la legalización ya ha fracasado en varios países, y no se habló para nada de la responsabilidad de aquellos que no han parado de hacer apología de las drogas durante décadas. El presentador en cuestión fue a su vez entrevistado en el programa “Ratones coloraos”, emitido el miércoles 16 de enero de 2008 a las 22 horas en Telemadrid, y probablemente también en las demás cadenas autonómicas en distintas fechas. Allí calificó como una salvajada el que en un Estado moderno se pueda exigir a los conductores que permitan que se les saque sangre cuando van conduciendo, y afirmó que “la cocaína, la anfetamina o el café son convenientes para la conducción de maquinaria; en cambio, las pastillas para dormir perturban la capacidad de conducción”. Al final, el periodista le preguntó: “¿Es bueno probarlo todo antes de hablar?”

Para nuestra desgracia, una buena parte del dinero proveniente de los impuestos que pagamos los ciudadanos está destinada a la financiación de Radio Televisión Española y de las cadenas regionales de las distintas comunidades autónomas. Estos medios de comunicación llevan muchos años despilfarrando nuestros recursos, y sabido es que no potencian ni la educación ni la democracia, y que sus informativos ocultan los casos de corrupción de las administraciones de las que dependen. Lo que no es muy conocido es el hecho de que, por mucho que en los anuncios de la FAD nos repitan la frasecita “con la colaboración de Televisión Española”, y por mucho que últimamente en algunos de sus reportajes se mencionen por encima los problemas que acarrea la drogadicción para la salud mental, los canales públicos han contribuido a difundir la idea de que existe un consumo responsable de las drogas, de que se nos ha metido un miedo injustificado y de que no ocurre nada por usarlas de vez en cuando. No se han esforzado por divulgar las distintas maneras en que los ciudadanos pueden intentar controlar las decisiones de los políticos y luchar contra la corrupción, no. Ellos están al servicio de quienes desean vernos a todos bien narcotizados.

La violencia de los esclavos contra los esclavos

La Historia nos enseña que siempre hubo explotadores y esclavos, y que cuantos más analfabetos hay, cuanto más despreocupado está el pueblo de los asuntos políticos, más fácil lo tienen los de arriba para imponer la injusticia. Cuanto menos vale la vida humana, también. Cuesta trabajo aceptar que estamos volviendo atrás, pero es así.

El consumo generalizado de alcohol y de drogas es una de las herramientas de las que se sirven los negreros para someternos, principalmente porque las personas que se encuentran bajo los efectos de estas sustancias no distinguen lo que está bien de lo que está mal, actúan con violencia contra quienes conviven con ellos, y la mayoría apenas pueden estudiar. Es más, los drogadictos son bastante egoístas y no se puede contar con ellos para luchar por el bien común. Por mucho que desde arriba quieran convencernos, a través del cine y de la televisión, de que el alcohol y las drogas son cosa de hombres, de que existe el consumo responsable, o de que son un símbolo de la libertad, la verdad es que las drogas siempre pasan factura, tanto a quienes las utilizan como a sus familiares, vecinos y amigos, que encima de tener que hacer frente a unas condiciones de vida cada vez más duras (y esto es cierto sobre todo para los más humildes), encima tienen que soportar a los drogadictos.

A través de unas leyes que favorecen el consumo de estas sustancias, los políticos y el capital nos entretienen para que no observemos con lupa sus movimientos. ¿Cómo dar prioridad en nuestra vida cotidiana al control de lo que hacen con el dinero de nuestros impuestos, si además de que tenemos que trabajar mucho para ganar cada vez menos, encima tenemos que estar alerta ante la posibilidad de que en la calle o en nuestra propia casa seamos objeto de una agresión? ¿Y cuáles son los valores que tratan de inculcarnos a través de los medios de comunicación que ellos dominan? Es fácil deducir que tienen interés en que estudiemos muy poco, en que nos droguemos mucho y en que cada hogar sea un infierno. La violencia que ejercen los señores del mundo sobre los esclavos se ve reforzada por la violencia entre los esclavos. Divide y vencerás.

Recordemos dos ejemplos muy recientes que ilustran la doblez de quienes dicen solidarizarse con nuestro dolor. El 26 de febrero de 2008, cuatro mujeres son asesinadas por sus parejas en España. Todo el mundo se indigna y los altos cargos de la Administración guardan sus cinco minutos de silencio en honor a las víctimas de la violencia doméstica (como de costumbre, nadie se pregunta si los asesinos se encontraban bajo los efectos de determinadas sustancias). Ese mismo día, la primera cadena de Televisión Española emite, a las 22 horas, la película El mexicano, protagonizada por Antonio Banderas y Johnny Depp. El personaje interpretado por Depp mata fríamente de un tiro a la camarera que le ha derramado encima la bebida y que ha tratado de limpiarle mientras que él le pedía que lo dejara en paz. Ella no le ha obedecido y él, cansado, le ha disparado sin arrepentirse y sin sufrir ni la acción de la justicia ni el reproche de nadie. Días más tarde, el 3 de marzo, mientras que en la primera cadena Zapatero y Rajoy fingen en un debate que nuestra realidad les interesa, La 2 emite la cinta Búfalo 66, en la que un tío humilla e insulta repetidamente a una muchacha obligándola a someterse a su voluntad.

Quienes abogando por la libertad de expresión no quieran ver lo que puede suponer la exhibición de estos comportamientos ante los ojos de millones de telespectadores (exhibición sufragada con dinero público) o son ciegos o son cómplices de esta despiadada maquinaria puesta en marcha para aplastarnos con la inestimable ayuda de unos políticos que lo saben y que ni lo denuncian ni lo impiden.