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El progresivo lavado de cerebro de la población

En los últimos meses, la cadena FDF ha seguido emitiendo regularmente (al menos una vez al mes) el episodio “Un robo, un bolso y una cooperativa del cannabis” de la serie La que se avecina, a menudo en horario infantil, y la cadena Neox sigue haciendo lo mismo con el episodio “Érase un cultivo”, de Aquí no hay quien viva. Recordemos que en las citadas emisiones los vecinos de los respectivos bloques de viviendas se dedican al cultivo de marihuana. La cadena FDF también sigue repitiendo en horario infantil distintos capítulos de las series Aída y Siete vidas, series en las que las drogas son a menudo objeto de comentarios y tramas supuestamente cómicos.

La cadena Telecinco emitió el 5 de febrero de 2012, a las 10 de la noche, un episodio de Aída titulado “Pasaladroga”, en el que una anciana se hace traficante de pastillas (siguiendo el ejemplo de la película Tapas) y uno de los protagonistas de la serie, tras haberlas consumido, monta el numerito en un concurso de televisión.

La noche del 8 al 9 de abril, a la una de la madrugada, Telecinco repite la emisión del capítulo de Aída titulado “Todos los porros van al cielo”, en el que un amigo del joven Jonathan alaba los efectos de la hierba (“los porros son lo mejor”) y le convence para que se fume un canuto con él (“por dos caladitas no me voy a enganchar”). A continuación se suceden las anécdotas “divertidas” en torno a esta droga: los chicos le piden ayuda a Fidel (que cree que se trata de tabaco) para liarlo; Jonathan se atora cuando lo prueba; el amigo deja caer que su madre también fuma (“mi madre me ha pillado y me lo ha quitado”; “¿lo ha tirado?”, le pregunta el otro; “no, se lo ha fumado viendo a Ana Rosa”); más tarde, Fidel se traga accidentalmente una china de hachís que le han metido en el yogur. Al final Jonathan parece arrepentido por haberle causado problemas a Fidel y le promete no volver a fumar hachís, pero cuando su amigo regresa con un porro en la mano, el hijo de Aída primero le dice que no, que pasa, que se lo ha prometido a Fidel, y acto seguido estalla en carcajadas, le arrebata el canuto a su amigo y los dos se lo fuman sentados en el banco de la plaza entre risas. Y así termina el capítulo: Jonathan y su amigo fuman porros y no les pasa nada. Un claro ejemplo de incitación a la drogadicción, incitación desafiante que nos recuerda a series norteamericanas como A dos metros bajo tierra y Nip/Tuck.

El 10 de abril, todos los medios de comunicación se hacen eco del referéndum municipal de la localidad de Rasquera (Tarragona), en el que el 56 % de los votantes ha aprobado el proyecto de construcción de una planta de marihuana para hacer frente a la crisis. Ninguno de los programas informativos hace referencia a los efectos perjudiciales de esta droga. Esto de la marihuana anticrisis también fue propuesto, semanas atrás y en horario infantil, por uno de los contertulios del programa Queremos opinar, de la cadena Metropolitan.

La noche del 13 al 14 de abril de 2012, a las doce y cuarto de la noche, La Sexta 3 emitió la película Soñadores, de Bernardo Bertolucci, en la que tres jóvenes comparten un canuto dentro de la bañera en el París del 68; el único efecto negativo observable es que los muchachos se quedan dormidos (la misma cadena había emitido el jueves 5 de abril por la noche la película El pico 2, y días atrás su primera parte).

La misma noche del 13 al 14 de abril, sobre la una de la madrugada, la cadena FDF volvió a repetir el episodio “Todos los porros van al cielo” de la serie Aída.

El 15 de abril de 2012, todos los servicios informativos anunciaron que uno de los temas que se debatirían en la Cumbre de las Américas sería el de la legalización de las drogas.

El mismo 15 de abril, la cadena Neox emitió, a las 20.30 horas, un episodio de la serie de dibujos animados El show de Cleveland (también emitido por Neox el 19 de marzo de 2011 sobre las 19.30) en el que Cleveland, padre de la familia protagonista, se ve envuelto involuntariamente en un turbio asunto: se deshace de un cargamento de cocaína y los narcotraficantes secuestran a su hijo. Los amigos de Cleveland aportan cada uno una dosis de distintas drogas para que pueda saldar su deuda. Su propio hermano aparece con un saco de heroína que supone la salvación de Cleveland. Al final, cuando regresa a casa en el coche junto a sus hijos, el protagonista se dirige a la cámara y pronuncia el siguiente discurso: “Las drogas son malas menos las que no lo son, como la aspirina y el ibuprofeno. La marihuana tampoco es mala si la receta un médico en cualquiera de los trece Estados en los que es legal (y recita los nombres de dichos Estados). Ya es hora de salir de viaje. No sois quién para juzgarme. Ahora muchos estáis colocados”.

Para contrarrestar este cúmulo de desinformación, recomendamos por ejemplo la lectura de los libros de Daniel Estulin, cuya última obra, El instituto Tavistock, narra la creación de la contracultura por parte de la elite mundial para promover la drogadicción masiva de la población como método de control social, de modo que el común de los mortales permanezca en un estado mental similar al autismo y feliz con su condición de esclavo.

Empezamos bien el año

El martes 3 de enero de 2012, la segunda cadena de Televisión Española, La 2, dejó claro que el cambio de gobierno no va a afectar para nada a la misión que esta cadena tiene encomendada. A las siete de la tarde emitió la película francesa Una casa de locos (L’auberge espagnole), de Cédric Klapisch, en la que un grupo de estudiantes universitarios de diferentes orígenes comparten piso en Barcelona y fuman cannabis con normalidad, sin que ello les resulte perjudicial (película por cierto ya emitida en varias ocasiones por La 2: que sepamos, el 17 de febrero de 2005, el 2 de diciembre de 2005, y el 21 de junio de 2010). Y más tarde, a las diez de la noche, transmitió la película Jóvenes, de Ramón Térmens  y Carles Torras, que no pudimos ver y por lo tanto no sabemos cómo acaba, pero que desde el comienzo muestra a los protagonistas metiéndose de todo por el cuerpo.

La Sexta 2, por su parte, repitió a la una de la madrugada del martes al miércoles el reportaje de “Vidas anónimas” (ya emitido el 18 de noviembre de 2011) en el que una asociación de cultivadores de marihuana hace continuamente apología de esta droga (por supuesto, sin hacer referencia para nada a sus efectos negativos), mientras que la segunda cadena de Telemadrid, La Otra, emitía a la misma hora un episodio de la serie Nip/Tuck en el que uno de los cirujanos protagonistas aspiraba droga a través de un vaporizador en compañía de dos guapas jovencitas.

Rajoy no les meterá mano a las televisiones públicas, no. Porque estas cadenas se apropian indebidamente de unos fondos que deberían destinarse a otros proyectos más necesarios para el bien de la mayoría y los emplean, entre otras cosas, para darles ideas a los jóvenes parados:

“¿Estás sin trabajo y no lo encuentras? Pues drógate, hombre, drógate. ¿No le ves salida a tu situación? Pues empórrate, hombre, empórrate. Y luego vas a casita a gritarles a tus padres, que tienen la culpa de todo. Y sobre todo no mires al cielo, ¿eh?, ni se te ocurra preguntarte qué están haciendo esos aviones que continuamente sobrevuelan nuestras ciudades dejando detrás un rastro de porquería. Tú a drogarte, a ponerte hasta las cejas, que eso es propio de rebeldes, como muchos de los acampados en la Puerta del Sol. Y no estudies, ¿eh?, que está visto que no sirve para nada. Total, con todo lo que te has metido, ¿vas a poder concentrarte? Tú despreocúpate y déjanos a nosotros gestionar los bienes públicos, y vive la vida en estado de embriaguez perpetua. No despiertes, hombre, no despiertes. Y sigue gritándoles a tus padres”.

Lo mismo hacen las cadenas privadas, como venimos dejando patente en este blog, pero por lo menos no lo hacen con el dinero que nos sacan a través de los impuestos. Y viene este señor y lo primero que hace es subírnoslos. Y no cerrará las televisiones públicas, no. Ni una queja le hemos oído pronunciar contra el fomento del consumo de drogas a través de los medios de comunicación públicos en los ocho años que ha estado en la oposición.

La cadena FDF emite “La que se avecina” a las 4 de la tarde

Hay una serie de Telecinco, titulada La que se avecina, cuyos guionistas han dado muestras sobradas de su ingenio al idear tramas descacharrantes sin recurrir a las risas enlatadas de fondo. Sin embargo, la calidad de sus guiones se ha empobrecido paulatinamente a fuerza de echar mano del mal gusto y del lenguaje vulgar, a fuerza de incurrir en la inverosimilitud y en la ridiculez y, cómo no, a fuerza de exhibir el consumo de drogas como un hábito carente de efectos perniciosos.
Los episodios de La que se avecina se estrenan en Telecinco en horario nocturno y después se reponen una y otra vez en el canal Factoría de Ficción (FDF) a partir de las nueve o las diez de la noche, pero últimamente esta cadena ha adelantado su emisión a las siete de la tarde, y actualmente la pasa a diario a las cuatro de la tarde. Así, ayer, 29 de septiembre de 2011, el canal  FDF repitió la emisión del episodio titulado “Un robo, un bolso y una cooperativa del cannabis” (estrenado el 3/08/2008 a las 23.30 horas en Telecinco y ya comentado en este blog) a la hora de la siesta. ¿Y qué significa esto? Pues significa que muchos niños han podido asimilar tanto los aspectos “positivos” de la marihuana como los consejos ofrecidos para cultivarla con vistas a su comercialización. Y en posteriores emisiones los niños volverán a ver al jardinero del edificio fumando canutos solo o en compañía de otras vecinas, y al concejal relajándose de igual manera, y a la exmujer del concejal invitándolo a fumar porros y restando importancia a la posibilidad de que el hijo de ambos pueda tener la misma costumbre, y a la psicóloga del edificio recurriendo al cannabis para rebajar el efecto de las anfetaminas, y al pescadero haciendo negocios con un narcotraficante, y a la amiga de Amador esnifando cocaína, y a todos los vecinos enganchados a los antiderpresivos… En definitiva, la serie más adecuada para el horario infantil.

Más series de Telecinco

La serie Maneras de sobrevivir fue emitida por la cadena Telecinco los domingos del verano de 2005, a partir de las 23 horas. Los pocos episodios que vimos nos bastaron para constatar la baja calidad de esta producción cuyos guionistas también se sirvieron de las drogas para intentar hacer reír a la audiencia.

Así, en el capítulo del 17 de julio de 2005, una joven treintañera le comenta a su amiga: “Me fumaba yo un porrito ahora”. Y en el episodio del 24 de julio de 2005, un tipo al que apodan “el Loco”, que está algo trastornado a causa de las drogas que consumió cuando era más joven (“aquello debe de ser de cuando los ácidos y lo tengo un poco como borrado”), chupa un álbum de fotos en el que se le derramó un bote de LSD y se lo ofrece a otro amigo (“toma, para relajarte, que te veo muy estresado”). Después, en una entrevista en la oficina de empleo, “el Loco”, bajo los efectos de la droga, ve cómo se le transfigura la cara a la funcionaria.

Otra serie de Telecinco, titulada Escenas de matrimonio, tuvo bastante más éxito en su día, pero lamentablemente esta serie también adoleció de la cuota de propaganda de la que al parecer ninguna producción puede librarse, y fueron frecuentes las referencias más o menos explícitas al consumo de porros por parte de Miguel, el joven escritor que vive a costa de su esposa. De esta manera, en un capítulo (20 de agosto de 2007, a las 21.40 horas) su mujer lo sorprende cantando rap y le pregunta si ha vuelto a fumar otro porro; en otra emisión (12 de octubre de 2007, a las 22 horas) Miguel está fumándose tranquilamente un canuto en su casa cuando de repente su mujer llama a la puerta, y rápidamente esconde el porro y echa ambientador (con las risas enlatadas de fondo) antes de abrirle; más adelante (21 de diciembre de 2007, a las 21.30 horas), cuando Miguel dice algo que al amigo no le cuadra, este le responde: “tío, cambia de canutos, que estos te sientan fatal”; en otra escena de la serie (1 de enero de 2008, a las 21.30 horas), Ramón, el amigo de Miguel, se jacta de haberle sacado cien euros a su hermana a cambio de no contarles a sus padres que ella fuma los porros que él le pasa; finalmente, cuando Miguel se entera de que su equipo ha marcado un gol, se pone a dar saltos y a bailar frenéticamente (18 de enero de 2008, a las 21.30 horas), y su esposa se le queda mirando y le suelta: “pensaba que los porros producían el efecto contrario”.

Dos episodios de la serie “Aída”

El domingo 16 de septiembre de 2007, la cadena Telecinco emitió, a las 22 horas, un episodio de la serie Aída en el que Chema, el frutero del barrio, ve a Lorena, la hija de Aída, fumando un canuto con sus amigos en la calle. Cuando Chema intenta contárselo a Aída (cuyo hermano Luisma tuvo problemas de adicción en el pasado), la mujer se altera tanto que el frutero se ve obligado a cambiar la versión de la historia. Aída le reprocha que le haya hecho creer que su hija es drogadicta y se marcha diciendo que se va a tomar dos tranquilizantes (un motivo empleado en varias series de televisión para dar a entender que se drogan tanto los jóvenes como sus padres). Como Chema no quiere que Aída se entere, trata de hablar él mismo con la joven, pero esta le responde que ella ya es mayor de edad. Chema termina contándole que él sabe lo divertido que es fumar petas, y que la marihuana también se puede tomar en tortilla y en galletas, y que “así lo flipas más que con los porros”. La adolescente le promete no fumar más, pero cuando Chema se va, Lorena llama por teléfono a su amigo para proponerle cocinar una tortilla de marihuana. Más tarde, Chema la pilla en la calle anunciando a sus amigos que va a preparar una tortilla de maría. Chema la reprende y ella le dice que él de liar porros no tiene ni idea. Entonces el hombre se las da de tener más experiencia que los jóvenes: “Antes, bajarse al moro era ‘bajarse al Chema’ […]. Saca un peta y que rule”. Lorena le pasa un canuto y Chema, padre de familia, empieza a darle caladas para terminar mareándose. Totalmente colocado, el frutero mete a Lorena en la furgoneta para llevarla a la fiesta, pone en marcha el vehículo y atropella a Luisma, el tío de la chica.

Como hemos visto, en esta serie también se le quita hierro al consumo de cannabis ocultando sus efectos negativos (el único que se señala es el de los accidentes de tráfico) y haciendo de esta droga el objeto de situaciones cómicas. No sabemos si esto ocurre con frecuencia en la serie Aída porque la vemos muy poco (los gritos y las exageraciones de sus personajes nos echan para atrás), pero para ser justos también reseñaremos otro episodio más reciente que ha llamado nuestra atención, emitido por Telecinco el 31 de octubre de 2010 a las 22 horas. En dicho episodio, Jonathan, de 17 años, comienza a consumir pastillas y su abuela y su tío Luisma (extoxicómano) lo descubren. Luisma intenta convencerlo por las buenas para que abandone ese hábito, pero el chico le recuerda que se trata de su vida y le pide que no se meta en ella. Entonces la abuela y Luisma  hacen creer al joven que su tío ha recaído tomando las pastillas que él trajo a casa, y finalmente consiguen que Jonathan deje de consumirlas. La abuela, cuando se refiere a las drogas, muestra hacia ellas un rechazo total, pues la adicción de su hijo Luisma la hizo sufrir mucho. Por su parte, Aída, la madre de Jonathan, que está en la cárcel, le encarga a una compañera que ha salido de prisión que le propine a su hijo un tortazo de su parte.

La cadena Cuatro da una de cal y otra de arena

El miércoles 16 de agosto de 2006, a las once y media de la noche, la cadena de televisión Cuatro emite, dentro del espacio “1 Equipo”, un reportaje dedicado a la marihuana en el que se afirma que esta droga (de la que uno de cada cinco jóvenes de 14 a 18 años es consumidor habitual) tiene efectos negativos, pero sólo se mencionan como tales la aprensión y la zozobra (aunque hay que decir que no pudimos ver el comienzo de este reportaje). Un psiquiatra denuncia la actitud de los apóstoles de la marihuana, de los famosos que afirman que es la panacea para todo, y pide que se saque la molécula que puede ser útil en el tratamiento del glaucoma, la artrosis, etc. para que los médicos puedan recetarla. Sin embargo, también se da la palabra a quienes comercializan productos derivados del cannabis, a cultivadores de cáñamo que se quejan de que la Guardia Civil les destruyó el huerto, a investigadores y a otros defensores del cannabis que se quejan de que hay mucha “incultura” sobre esta planta. Los presentadores pronuncian frases como “Me llevo la rama de cáñamo a Madrid para hacerme biodiésel, alpargatas, tortitas, infusión… ¡Viva la revolución verde!” o “Utilizar la marihuana sólo para hacernos porros es subestimar esta planta”. La prohibición de la marihuana terapéutica en Estados Unidos se anuncia en un recorte de prensa como otra victoria de Bush.

El 21 de junio de 2007, a las cinco de la tarde, Cuatro emite el programa “Channel número cuatro”, en el que una periodista demuestra cómo se usa el test salival detector de drogas. Sus contertulios le hacen preguntas, y entre todos dejan claro que se trata de detectar un consumo reciente que pueda afectar a la capacidad de conducción, y que si unos días antes o por la mañana uno ha dado unas caladas o ha consumido, eso no le importa a la policía. Así, pasan por alto el hecho de que el principio activo del cannabis puede permanecer en los tejidos grasos del organismo hasta un mes.

A la una menos cuarto de la madrugada del 15 al 16 de febrero de 2010, la cadena Cuatro, dentro del programa “After hours”, emite el reportaje “Colocados”. Nada más empezar, el presentador se mete en una “cunda” (un coche particular que lleva a los toxicómanos al poblado donde se vende droga) y entrevista al conductor, que aparece con el rostro difuminado y que también es cocainómano; tras comprar su dosis, este aspira la mezcla por una pipa pequeña. Más tarde, el presentador telefonea a un camello, este se presenta en su domicilio y lo entrevista. El camello también trafica para sufragar su consumo (coca, hachís, speed) y el presentador le pregunta por el precio de cada sustancia. La cámara sólo enfoca la mitad inferior del rostro del traficante, que dice que físicamente no está enganchado a la coca, aunque psicológicamente sí. Lleva 10 años traficando y nunca lo han pillado; tiene treinta y tantos y va bien vestido. Cuando se prepara una raya delante de la cámara y la esnifa, el presentador le pregunta por el efecto del subidón. El camello confiesa que disfruta con lo que hace.

Celebración de San Canuto en la Universidad Autónoma de Madrid. Una chica dice que fuma tres canutos al día. Los jóvenes se pasan el porro. “Cómo rula eso”. Una canción: “Te hace fuerte y te pone contento”; “viva san Canuto y los porros”. Un letrero que aparece en la parte inferior de la pantalla advierte de que “a largo plazo, el consumo de porros puede causar pérdida de memoria y esquizofrenia”; y ya está, no se profundiza más. En Palma de Mallorca, el presentador va a un centro de rehabilitación en el que una joven adicta declara que primero te invitan, y que después el cuerpo te lo va pidiendo; otra mujer explica que se inició en el consumo de drogas en las cenas de empresa hasta que terminó enganchándose a la heroína.

Más tarde, el presentador entrevista en un bar a un joven camarero que consume los fines de semana y que confiesa que le gusta drogarse. “Esta noche ¿qué te vas a meter?”. “Esta noche, cristal y tripi (LSD)”. Lo acompaña a los servicios y allí el otro disuelve el cristal en agua. Afirma que gracias a estas sustancias, disfruta más del sexo. Su mejor amigo murió tras consumir cocaína, y por eso él no consume coca, pero sí consume cristal y tripis. Después se mete un trozo de tripi en el ojo y se va a otro sitio a meterse un tripi por el ano. Un comportamiento ejemplar.

De nuevo en la Cañada Real de Madrid, el presentador entrevista a los voluntarios de la asociación Remar, que van a prestar asistencia a los drogadictos, muchos de ellos muy deteriorados. Y otra vez en Palma de Mallorca, el presentador visita un centro para toxicómanos que ya están muy enfermos. Un muchacho de 36 años empezó con 14 con los porros; ha consumido todo tipo de sustancias y ahora sufre de varias patologías. El director del centro, que ha visto morir a muchos toxicómanos, pide la legalización de la heroína para los toxicómanos terminales. Otro paciente envejecido, que se ha pinchado en todas las partes de su cuerpo, declara que “quien te ofrece eso no es tu amigo”.

La noche del 17 al 18 de septiembre de 2010, a las dos de la madrugada, la cadena Cuatro emite una nueva entrega del programa “After hours” en la que el presentador visita un cultivo de marihuana. El encargado le dice que con lo que gana puede pagar el alquiler (entre 3000 y 4000 euros) y que lo hace para el consumo propio y para un circuito cerrado de amigos. Se lía un porro delante de la cámara (dice que se fuma entre 8 y 9 canutos diarios) y explica los detalles del cultivo. En esta emisión se comenta que hay personas que recurren al cannabis para aliviar el dolor y el único efecto perjudicial que se cita es la pérdida de memoria.

Una oleada de mensajes apologéticos en la cadena Cuatro

El sábado 22 de enero de 2011, a las 21.30 horas, la cadena de televisión del grupo Intereconomía emitió un reportaje sobre la violación de la ley antitabaco en varias universidades españolas, principalmente en la Universidad Complutense de Madrid. Frente a la rigidez con la que se prohíbe fumar en los bares y en otros establecimientos, quedó patente la permisividad que reina dentro de las facultades, donde tanto profesores como alumnos fuman con total libertad (y los últimos, no sólo tabaco). Además, se denunció el deterioro que sufren numerosas instalaciones universitarias debido al vandalismo y a las celebraciones de botellones, gracias a la falta de vigilancia establecida. Pero no pasa nada: para contrarrestar esa actitud tan conservadora de la cadena del torito, muchos otros canales de televisión arriman el hombro para contribuir a que el consumo de drogas se llegue a considerar como algo normal por parte de un sector creciente de la población.

Pongamos como ejemplo el programa “Ola, ola”, de la cadena Cuatro, que recorre distintos puntos de las costas españolas para mostrarnos diversos aspectos del veraneo en la playa que se repiten en las distintas emisiones del programa: las familias humildes bajo las sombrillas, las abuelas orondas cantarinas, los cuerpos jóvenes al sol, las playas nudistas, las áreas de ambiente, los deportistas, las bellezas, las fiestas de los ricachones en los yates… y siempre, siempre, grupos de jóvenes que se divierten como al poder le interesa que se diviertan. Pasamos a recordar algunas de las secuencias emitidas en este programa en los últimos tres veranos:

8 / 8 / 2008, 22.00 horas: En una playa, un joven muestra a la cámara una pastilla de MDMA y se la mete en la boca, pidiéndole al periodista que lo grabe. Pero entonces se presenta un agente de la policía en traje de baño y se lo lleva para registrarlo. Otros mozos se quejan de que los traten como camellos, y dicen que ellos sólo son consumidores que vienen a divertirse. En las imágenes que anuncian la próxima emisión, un muchacho explica que el polvo que tiene en la mano es cristal.

22 / 8 / 2008, 22.00 horas: Festival tecno en un parque eólico. “Yo vengo aquí a ponerme hasta las patas”. La guardia civil, en dos días que ha durado el festival, ha realizado 250 incautaciones. En el avance de la próxima emisión, se ve una raya de cocaína lista para su consumición.

29 / 8 / 2008, 22.00 horas: De nuevo, mostrando la vida nocturna en nuestras costas, la cámara recoge cómo los chicos se lían un porro y cómo se hacen una raya. Más tarde, un tío se pone el dedo en un lateral de la nariz, indicando que consume coca. Una chica recomienda: “Las drogas son muy buenas. Hay que probar de todo”.

5 / 9 / 2008, 22.30 horas: Al final de esta emisión, un hombre mayor con el pelo canoso y con el canuto en la mano declara que se está preparando un porro para pasárselo bien. A continuación, la cámara enfoca las manos de uno que se está haciendo unas rayas finas. El cartel de abajo indica: “Se está preparando una rayita de speed“. Después, unos jóvenes hacen apología de las drogas en en plena fiesta playera.

12/ 7 /2009, 21.30 horas: En la playa de Ibiza, una joven valenciana confiesa ante la cámara: “Nosotros sólo fumábamos porros. Si se puede considerar droga eso…”.

16/ 8 / 2009, 21.30 horas: El reportero entrevista a ex toxicómanos que están en la playa en proceso de rehabilitación. Pero también entrevista a unos albañiles que están fumando un porro y lo muestran al cámara, al que le preguntan que si quiere. Más tarde, un hombre que vive en la calle hace apología del porro, dice que es afrodisíaco y que con él “siempre estás empalmado”. Varios jóvenes se fuman un canuto en la playa y lo enseñan a la cámara. Un hombre de cincuenta años declara: “Voy a fumarme un porro para pasármelo de puta madre”. En un aparcamiento, un muchacho explica brevemente cómo consumir cristal. Otra chica declara que el alcohol la desinhibe. A lo largo de esta emisión se suceden primeros planos de las drogas que se consumen.

23 / 8 / 2009, 21.30 horas: Repetición de secuencias de anteriores emisiones: un joven se toma una pastilla de MDMA delante de la cámara, y después se quejan sus amigos de que las autoridades los traten como a delincuentes; en un parque eólico, en el que se celebra una fiesta de concienciación sobre las energías renovables, un joven dice que él viene a ponerse “hasta las patas”.

18 / 7 / 2010, 21.30 horas: Los participantes en una fiesta en Ibiza lían y fuman porros. “Esto es cristal del bueno”, dice uno mientras la cámara enfoca la droga que sostiene en su mano, y acto seguido expresa lo que siente cuando la toma. Otro muchacho enumera las sustancias que allí se pueden encontrar, y después lanza a los telespectadores el mensaje de que no hay que drogarse, que si las drogas no se acaban es porque los políticos no quieren (singular testimonio contrario a las drogas transmitido en el programa Ola, ola).

22 / 8 / 2010, 21.45 horas: Tras una sucesión de escenas de abuelas y niños en la playa, nos trasladamos a un aparcamiento al aire libre, de noche, en una ciudad del Levante. Un grupo de chicos se pasan un canuto. Otro declara que también toman farlopilla. Algunos aparecen con el rostro difuminado, otros no. Como de costumbre, la cámara enfoca las manos que sostienen una pequeña dosis de una sustancia blanca; el dueño dice que cuesta treinta euros.

29 / 8 / 2010: En una fiesta nocturna, un atractivo joven se fuma un porro en una serie de primeros planos, muy sugestivos, del canuto incandescente en la oscuridad, en la boca del chaval.

12 / 9 / 2010, 21.30 horas: En la playa, un joven hace directamente apología del hachís y la marihuana porque, según él, son naturales. Tras darle una calada a un canuto, mira hacia la cámara y suelta el humo apuntando hacia ella. Después, vemos a un señor maduro también dándole al porro; a continuación, un abuelo afirma que deberían legalizar la maría y prohibir el tabaco, porque este es peor que aquella, y dice que él fuma maría para el dolor de la rodilla pero no es ningún drogadicto, y se queja de que sea ilegal.

19 / 9 / 2010, 21.30 horas: Unos jovencitos hacen payasadas en la arena con el canuto en la mano. “Son los efectos de la marihuana”. Una señora sentada cerca de ellos les ríe las gracias. Más tarde, un chico se tira al mar desde lo alto de un acantilado saludando a la cámara y diciendo “ola, ola”, lo que indica que el programa apoya y fomenta una actividad prohibida. En Ibiza, se repiten las imágenes de los jóvenes que hacen apología de las drogas que consumen, mientras que otro recomienda ante la cámara que la gente no se drogue, que los políticos no erradican la droga porque no quieren.

Nos quedamos con esta frase, que constituye la excepción dentro de un conjunto de emisiones en las que, la gran mayoría de las veces, la exhibición de comportamientos perjudiciales para la salud mental de las personas no ha venido compensada ni por actitudes críticas ni por la exposición de las consecuencias que comportan estos hábitos. Precisamente por esto, por la ocultación del lado negativo del consumo de drogas, una parte de los espectadores, sobre todo los más jóvenes, podrá pensar que al fin y al cabo el “ponerse hasta las patas” no debe de ser tan malo.