¿Qué podemos hacer?

Se ofrecen en esta sección algunas propuestas para oponer resistencia a las agresiones que actualmente se están perpetrando contra la humanidad en su conjunto y contra el medio natural, centrándonos en algunas de las áreas que son objeto de denuncia en este blog: la manipulación del clima, el envenenamiento generalizado, la contaminación electromagnética, la monitorización de los seres humanos y la agresión a nuestros cerebros. A todo lo anterior se suma el genocidio que actualmente se está llevando a cabo en numerosos países con la excusa de una pandemia, y que a muchas personas buenas les provoca un sentimiento de impotencia tal que las sume en la desesperación. Pero no hay que desesperar, no hay que perder la esperanza. La mayoría de los seres humanos son buenas personas y cada día que pasa aumenta el número de aquellos que son conscientes de lo que nos están haciendo. No estamos solos.

No hacer daño y ser selectivos a la hora de comprar

A modo de introducción, recordemos las tres pes de Ilya Sandra Perlingieri, que se pueden aplicar a cualquiera de los ámbitos mencionados, e intentemos ponerlas en práctica a diario:

(1) PRECAUCIÓN. Si uno no está seguro de algo, lo mejor es que no lo haga.

a) Cuando tengamos sospechas razonables de que algo nos pueda dañar, o bien

b) cuando hay incertidumbre científica, entonces

c) tenemos el deber de actuar para impedir el daño. Esta es la verdadera precaución.

(2) PREVENCIÓN. Antes de dedicarnos a una tarea o de planear algo, si ello supone que podemos hacer algún daño, entonces detengámonos y no lo hagamos.

(3) EL PODER DEL MONEDERO. La responsabilidad es nuestra ante la caja registradora. No ayudemos a ninguna compañía que obtenga beneficios haciéndonos daño. Ahorraremos millones y sus ganancias se vendrán abajo.

Esto último se llama boicot, y es lo mínimo que podemos hacer. Un boicot sin violencia, pero bien organizado, puede hacer mucha pupa a las empresas que de una manera u otra colaboran con el mal.

Estudiar a fondo para poder transmitir nuestros conocimientos a los demás

Frente a una maquinaria tan colosal como la que lleva décadas destruyendo nuestra biosfera y envenenando y radiando a los seres humanos, lo normal es que se apodere de nosotros un sentimiento de indefensión y de impotencia que nos conduzca al abatimiento y que nos lleve a refugiarnos en conductas que nos ayudan a evadirnos de la realidad pero que terminan perjudicándonos. Es más: pronto descubriremos que esta realidad es difícil de asumir por las personas de nuestro entorno, que no querrán saber nada del tema, lo cual hará que nos sintamos más aislados.

No obstante, estudiar a fondo todo lo relacionado con la falsa pandemia, la ingeniería del clima, la eugenesia, las radiaciones, etc., para transmitirlo a los demás con información creíble y documentada es de momento lo poco que podemos hacer, al menos hasta que la mayor parte de la población sea consciente de este gran engaño.

La salud es nuestro bien más preciado

Aquí se trata de darle la importancia que merece al hecho de que nos están envenenando no solo a través del aire, sino también a través de los alimentos, del agua y de los medicamentos que en teoría sirven para curarnos. Hay que abandonar la idea de que «bueno, qué más da, si de algo hay que morir», y ser conscientes de que estamos en guerra y de que nos están haciendo daño por lo bajini, a nosotros y a nuestros seres queridos, y de manera premeditada, por lo que tenemos que pasar a la acción con el fin de protegernos. La salud es nuestro bien más preciado, y todo lo que hagamos por preservarla será poco.

Lo ideal es tener un terreno en el que cultivar nuestros propios alimentos y criar a nuestros propios animales. Como, lamentablemente, la mayoría de la gente no lo puede hacer, habrá que optar por comprar todos los alimentos ecológicos que se pueda. Si resultan algo caros (aunque algunos están cada vez más accesibles), habrá que prescindir de otros gastos que en realidad son superfluos. Invertir en los alimentos ecológicos es invertir en nuestra salud. Podrá argüirse que la porquería que cae del cielo también afecta a los cultivos de la agricultura ecológica, y seguramente será así, pero al menos estos cultivos no llevan los pesticidas cancerígenos con que muchos agricultores embadurnan el fruto de su trabajo.

Protegernos frente a la contaminación electromagnética

Lo primero que hay que hacer es reducir la exposición a la radiación ya existente en la medida de lo posible: desconectar el wifi y sustituirlo por la conexión a Internet por cable (si no es posible, al menos desconectarlo cuando no se esté usando y apagarlo por la noche); superar la adicción a las aplicaciones de mensajería en las que TODO queda guardado, reduciendo su uso al mínimo; nunca llevar el teléfono pegado a los genitales ni a los senos, y procurar evitar pegarse el móvil a la oreja (lo recomendable es usar el altavoz); proteger a los niños, que son más vulnerables que los adultos a la radiación de microondas (el modo avión permite ver vídeos y juegos sin que el aparato emita radiación).

Además de proteger nuestro hogar, no debemos caer en la trampa del Internet de las cosas y no debemos consumir productos inalámbricos. Como consumidores, si nos organizamos, también podemos ejercer una fuerte presión sobre estas empresas, estafadoras natas, que se creen que ya tienen la batalla ganada.

Y, como ya se ha dicho, tendremos que estudiar la documentación disponible para comprobar que ya está demostrado a través de estudios científicos que las ondas de radiofrecuencia de la tecnología inalámbrica son muy dañinas para los seres vivos. Entonces estaremos en condiciones de informar a los demás y de apoyar a los grupos que están protestando en distintas ciudades y países.

Los sitios web de las asociaciones que denuncian el daño que nos está haciendo la tecnología inalámbrica contienen abundante información sobre los campos electromagnéticos y sobre las medidas que podemos adoptar para protegernos; una lista se puede consultar aquí.

No facilitarles la tarea de controlar todos nuestros movimientos

Eso de que las videocámaras y los microchips están ahí por nuestra propia seguridad es una bola que por desgracia muchísima gente sigue tragándose. Para nuestra desgracia, la realidad es que, con la tecnología que ya existe, se podría acabar con la delincuencia en cuestión de horas, y si no se hace es sencillamente porque los que verdaderamente mandan se llevan comisión. Ellos son los peores criminales; son los dueños de los líderes políticos y de los medios de comunicación, y los sicarios que trabajan para ellos tienen acceso a todas nuestras conversaciones telefónicas, a todos nuestros correos y a todos los mensajes que escribimos, así como a todas las cámaras y micrófonos instalados en los aparatos electrodomésticos y en los dispositivos informáticos que tenemos en nuestros hogares. Lamentablemente, muchas instituciones, pagadas con el dinero de todos, están ahí para tenernos bien controlados y para machacar a todo aquel que saque los pies del tiesto, esto es, a todo aquel que sea capaz de darlo todo por los demás y por el bien común y que se atreva a denunciar la corrupción, las injusticias y las barbaridades que actualmente se están perpetrando contra nosotros.

Sabiendo que todo esto es así, ¿quién puede estar tranquilo cuando existen tantas desapariciones, tantos crímenes sin esclarecer y tantos atentados por resolver? Por ello hay que decir NO a esa tecnología que registra todos nuestros movimientos; hay que decir NO a la dependencia del teléfono móvil; hay que decir NO a las videocámaras omnipresentes; hay que decir NO al 5G y al Internet de las cosas, y hay que decir NO a la desaparición del dinero físico, porque todo ello atenta directamente contra nuestra libertad y nos esclaviza aún más bajo el yugo de los opresores. Hay que hacerles frente, superar la adicción a los juguetes con los que nos la han metido doblada y decirles que NO, sencillamente porque toda esta monitorización de todos y cada uno de nuestros movimientos NO es por nuestro bien; de verdad, NO es por nuestro bien. Es para tenernos en la diana de manera permanente, para eso es.

Apagar la televisión

En esta falsa pandemia ha quedado claro que la mayoría de las cadenas de televisión trabajan para el mal, y por lo tanto merecen nuestro desprecio. Incluso las películas y series de televisión (dibujos animados incluidos) tienen como objetivo conformar nuestra visión del mundo y ofrecernos modelos de comportamiento, siempre de acuerdo con los intereses de las élites genocidas. ¿Habría ganado tantos adeptos el discurso oficial de la plandemia sin las series de televisión que llevan décadas mostrándonos cómo los médicos y los policías velan por nuestra salud y por nuestra seguridad?

Cuidar y proteger nuestro cerebro

El cerebro humano es una maravilla de la creación, y los psicópatas que dirigen el mundo nos lo quieren atrofiar y a ello dirigen todos sus esfuerzos. Nos quieren tontos perdidos para poder manipularnos mejor, y aquí también hay que oponerles una fuerte resistencia.

Han destruido los sistemas educativos bajando los niveles de exigencia y han fomentado las adicciones destructivas entre los niños y los jóvenes sin el más mínimo escrúpulo de conciencia. Y no solo han hecho imprescindible el uso del teléfono móvil para espiarnos; lo peor es que este dispositivo genera cáncer en la cabeza, y sabiéndolo lo niegan, al igual que niegan el hecho de que la tecnología inalámbrica atenta contra nuestra salud y en especial contra nuestro cerebro.

También ocultan la existencia de una tecnología invasiva de la mente a través de la cual pueden manipular nuestros pensamientos sin que nos demos cuenta y también pueden hacernos enloquecer. De hecho, actualmente están utilizando a muchas personas inocentes como cobayas de esta tecnología; razón de más para rechazar de plano la instalación de antenas por todas partes con la llegada de la tecnología 5G.

Cuidarnos mucho y no hacernos daño

Cuidémonos mucho y tratémonos con respeto. Dejemos de hacernos daño y superemos todas nuestras adicciones. Respiremos bien, hagamos deporte, adoptemos hábitos sanos y no nos dejemos llevar por sentimientos negativos como el miedo y el estrés. Luchemos por conseguir nuestros sueños pero también por construir un mundo mejor. Y leamos y estudiemos con tranquilidad todo lo que podamos, sin asociar nunca el hábito del estudio con la angustia o el sufrimiento. Estudiar placenteramente para convertirnos en personas más cultas y en mejores personas es, y siempre lo ha sido, un acto revolucionario, un ir contra corriente, una reafirmación  de uno mismo frente a un sistema totalitario que nos quiere ignorantes y sumisos.

Centrémonos en mejorar nuestro entorno y en proteger y salvar a quienes amamos

Estudiar las leyes y apoyar la lucha en los juzgados

Puede que se nos antoje pesado y lo acometamos con desgana, pero lo cierto es que al final es lo único que nos queda: conocer las leyes que nos amparan para hacer valer nuestros derechos y para denunciar a aquellos que los pisotean. Hay asociaciones y equipos de abogados, como Liberum, Scabelum o Coronavirus legal, que están llevando a cabo iniciativas interesantes que necesitan de nuestro apoyo.

No caer en la trampa del recurso a la violencia

Los organizadores de la nueva normalidad están deseando que los opositores al régimen genocida provoquemos algún altercado con muertos para justificar un incremento de la represión y del control totalitario de los ciudadanos, por lo que no dudarán en aprovechar las manifestaciones para provocarnos mediante contramanifestaciones o utilizando a elementos infiltrados. Estemos atentos y no caigamos en la trampa, por mucho que nos toquen las narices.

No seguir ciegamente a ningún líder

Porque todos somos humanos y todos tenemos fallos, tarde o temprano nuestros líderes, también humanos, nos terminarán defraudando, y precisamente por eso no hay que poner a nadie en un altar. Fijémonos en sus aspectos positivos sabiendo que no podemos estar de acuerdo con su manera de pensar al cien por cien, y no esperemos que un líder venga a sacarnos las castañas del fuego. No idealicemos a nadie, y menos cuando tenemos la certeza de que existen bichos pagados para conducirnos hacia una dirección determinada o para generar desconfianza, división y enfrentamiento. En fin, el tiempo termina poniendo a cada uno en su sitio.

No tener miedo

“El miedo es el más ignorante, el más injusto y el más cruel de los consejeros», según el escritor Edmund Burke. El miedo nos paraliza, nos bloquea, nos hace sufrir más de lo necesario, nos amarga el carácter y nos hace enfermar. Hay que aceptar que estamos en guerra y que vamos a ver muchas cosas, pero también hay que aceptar que aquí estamos de paso, que nuestro tiempo en este mundo es limitado, y que el miedo nos impide vivir con plenitud. Hagamos lo que esté en nuestra mano para intentar mejorar las cosas y para tener la conciencia tranquila, y librémonos de ese lastre que son el miedo y otros sentimientos negativos. Las guerras no se ganan con miedo.