La versión de un investigador

Agradecemos a la investigadora Sofia Smallstorm  que haya tenido la amabilidad de autorizarnos a traducir en este blog los artículos que ha publicado en el sitio http://www.aboutthesky.com

Esta décima entrega corresponde al artículo original en inglés que puede leerse en este enlace: http://aboutthesky.com/a-researchers-story. Remitimos a los lectores al artículo original para que puedan ver las fotografías que lo acompañan.

[Nota de la administradora de AboutTheSky.com]: El contenido publicado aquí ha sido ligeramente corregido por razones de claridad. Este artículo (publicado en un principio en ArizonaSkyWatch.com) está escrito casi como si se tratara de un diario, y el autor emplea algunos términos coloquiales que pueden resultar extraños a los lectores europeos. La palabra booger se refiere a una mucosidad seca presente en la nariz. Lamentablemente, en verdad no existe otra palabra en el léxico inglés que pueda sustituirla de una manera más elegante… En el artículo original, ningún texto explicativo acompañaba a las fotografías. Su autor es conocido por el nombre de “Blue” (‘Azul’). Aquí, [en AboutTheSky.com] hemos añadido descripciones rudimentarias que aparecen cuando pasamos por encima de las imágenes con el ratón; para hacer que aumenten de tamaño solo hay que hacer clic sobre ellas.

UN ESTUDIO SOBRE LOS CHEMTRAILS Y EL SÍNDROME DE MORGELLON REALIZADO POR UN CIUDADANO DE LAKESIDE (ARIZONA)

Esta investigación dio comienzo con el objeto de intentar explicar los síntomas físicos y neurológicos que yo venía observando desde hacía bastante tiempo en casi todas las personas de mi entorno y en mí mismo. Y ha sido como si tuviera clavada una astilla en la mente.

En los últimos años he observado que mis compañeros de trabajo, y en especial aquellos a los que yo he intentado dar una formación profesional, parecen estar perdiendo la memoria a corto plazo. Si dejan una taza de café en un sitio, a los diez segundos olvidan dónde está. Si tienen que trabajar en el campo con los bártulos, se los dejan en la oficina. Hace diez años, a los aprendices les podíamos encargar tres o cuatro tareas a la vez y las recordaban todas… Actualmente solo pueden hacerlas como mucho de una en una, lo que me pone los pelos de punta. Los niños en particular, que deberían tener una buena memoria, también parecen estar afectados. Los dependientes de comercio entre otros también parecen sufrir estos mismos síntomas neurológicos.

En cuanto a mí, la nariz me moquea con frecuencia, los oídos me pitan constantemente, las articulaciones me duelen y en un ojo la visión se me ha vuelto algo borrosa. Todo esto, junto con mi costumbre de observar continuamente lo que ocurre en el cielo, me ha llevado a indagar si existe una posible conexión.

Yo siempre he tenido que estar pendiente del tiempo atmosférico para proteger al personal y las herramientas y completar las tareas por hacer. Llevo fotografiando seriamente la fumigación de aerosoles sobre las Montañas Blancas de Arizona (a una altitud de 6500 pies) desde 2005, y he creado un blog con las fotos de lo que he visto durante todo un año (dedicando a esta observación al menos 50 horas semanales); dicho blog dio comienzo en diciembre de 2005. He llegado a la conclusión de que toda la capa superior de la troposfera contiene lo que solo se puede describir como nubes sintéticas producidas por aeronaves. No solo he fotografiado las fumigaciones, sino también la transformación de esas sustancias en nubes de naturaleza fibrosa y otras formaciones rarísimas que no se hallan en los manuales antiguos que tratan de las nubes; es más, no se hallan en ningún manual.

Este último año he observado y fotografiado un brillo fuera de lo común alrededor del sol, lo cual indica que se ha alcanzado un nivel de saturación. Ahora las fumigaciones son poco frecuentes (como mucho, una o dos veces a la semana) en comparación con lo que ocurría antes. Este brillo también se puede ver alrededor de las luces de los estadios cuando salen en la televisión. Recientemente me he dado cuenta de que cuando el cielo es de color azul celeste, como solía serlo, los aviones no tardan en llegar. He intentado comprender por qué las nubes parecen a veces tan fibrosas, y si este fenómeno podría depender de la técnica de autoensamblaje de los polímeros creados por la nanotecnología (en las fotografías que he hecho de las fumigaciones sobre Lakeside aparecen nubes empalmándose). Antes a los gases no les salían estrías como estas, y todo lo que sube… Bueno, ya se sabe que Newton tenía razón.

Simplemente apuntando hacia arriba por la noche con una linterna potente y mirando en el interior de su haz de luz podremos comprobar que estamos viviendo en un verdadero baño de lo que otros investigadores sugieren que es una extraña mezcla de bario, aluminio y Dios sabe qué más.  La posibilidad de realizar un análisis completo no está a mi alcance, pero en la página web del Carnicom Institute se confirma la presencia del bario en las muestras de aire.

Nuestra atmósfera está tan saturada de estas sustancias (al menos aquí en las Montañas Blancas) que con bastante frecuencia los rayos del sol las atraviesan cuando está nublado, de forma parecida a como lo hacen a través de las persianas de una ventana cuando dentro de casa hay humo porque estemos cocinando o por cualquier otra razón. La luz de nuestro sol se ha visto reducida desde hace dos años: la medí entonces con un fotómetro y ahora el aparato indica una disminución del 50 %. Mi cámara también lo señala: actualmente el flash funciona por la mañana con más frecuencia que antes, y a veces las luces del parque que dependen de interruptores fotosensibles (y también las de los automóviles) se encienden durante el día o antes del anochecer… Todo esto me preocupa bastante.

La alcalinización del agua y de cualquier organismo basado en el agua y que respire aire permite un almacenamiento mayor de corriente continua (e incluso su creación), sobre todo cuando se mezcla con otros componentes o con sustancias químicas. Lo he probado conmigo mismo simplemente con un voltímetro digital bastante bueno. Continuamente mido mi propio voltaje humedeciendo los dedos y agarrando con fuerza las puntas de prueba. A principios de abril empecé a observar a través de un microscopio el agua estancada, dejando secar unas 30 gotas sobre un portaobjetos, e inmediatamente vi algo que me daba la impresión de haber visto ya en las páginas de Internet que tratan de los pacientes aquejados del síndrome de Morgellon. Francamente, al principio yo pensaba que toda esa historia era falsa, pero ahora pienso de otra manera. En todas las muestras encontré docenas de estas fibras.

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Las nanofibras aumentadas 100 veces.

La confirmación de lo que eran estas fibras llegó el 18 de abril de 2007, cuando identifiqué un nanosensor “de cabeza dorada”. Esto me asustó bastante, pues en ese momento me di cuenta de que todos los habitantes de las Montañas Blancas estábamos siendo contaminados por esta extraña nanoenfermedad o nanoinfestación. ¿Por qué la cuestión del voltaje es tan importante? He observado que, en los recipientes que han sido electrolizados, el crecimiento de lo que he aprendido que son “organismos sintéticos” o formas de vida artificiales aumenta y mejora enormemente. Las llamadas fibras de Morgellon crecen en unos seis meses hasta ser casi visibles a simple vista o con una lupa. En una de mis muestras, un puñado de estas fibras ha pasado de unas doce fibras microscópicas a un centenar que se puede extraer con pinzas. Dos de estas fibras de silicona nanotubulares y translúcidas están claramente segmentadas de modo uniforme y una de ellas parece tener una hebra de ADN girando en su núcleo. No sé cómo esto es posible, pero ni es una idea delirante ni una ilusión, ya que todavía las tengo y las observo con frecuencia.

Dado que me he dado cuenta de que ahora vivimos en un baño de electricidad activada debido a las sustancias cuya presencia ha “aumentado milagrosamente” (es decir, el material particulado metálico) junto con todas las antenas de microondas, las antenas de telefonía móvil, las antenas de radio, las transmisiones vía satélite, los cables eléctricos y los sistemas de wi-fi, a lo que hay que añadir la presencia generalizada de polímeros en las tuberías de plástico, en las plantas de plástico, en las nubes de plástico, en los envoltorios de los alimentos, en el interior de los coches, en la ropa de plástico y en los árboles de Navidad de plástico, se diría que hay componentes de plástico de sobra con los que se puede trabajar, si es que esto es posible. El plástico se encuentra en un estado de degradación constante, y por ende de vaporización. Una explicación plausible al hecho de que las fibras que semejan cintas planas parecen crecer incluso en el vidrio es que estos organismos sintéticos son capaces de unirse a componentes de plástico que hay en el aire, en el agua o dondequiera que se encuentren, y utilizan la corriente continua como parte de su técnica de montaje… o bien se alimentan del silicio del vidrio… o ambas cosas. Se ha comprobado que las plantas extraen la mayor parte de su contenido mineral del aire, y no del suelo como antes se pensaba. La nanotecnología ha sido diseñada para imitar todo lo que el hombre ha descubierto sobre el funcionamiento de los seres naturales y su capacidad de ensamblaje.

Esto también explicaría cómo estas diminutas fibras se han abierto camino desde el interior de nuestro cuerpo hasta la superficie de nuestra piel, sin que nuestro sistema inmunológico haya advertido su presencia. Llevamos tanto tiempo respirando y bebiendo residuos plásticos que se han convertido en parte de la composición de nuestro cuerpo. Dado que mudamos de piel constantemente desde dentro hacia fuera, de manera que la piel se regenera completamente cada siete años, calculo que la fibra de la fotografía tardó unos diez años en salir a la superficie. Más o menos hace diez años que empezaron los programas de fumigación con aerosoles o los llamados chemtrails.

Lo más divertido llegó cuando me puse a observar gotitas secas procedentes del agua estancada antes de la electrólisis. Entonces descubrí lo que ya había visto en Internet y que se conoce como fibras de Morgellon. Había leído algo sobre personas a las que les crecían fibras en la piel, pero al principio pensé que se trataba de una mentira de las que circulan por Internet. Se decía que estas fibras podían crecer solas y que originaban una multitud de síntomas que iban desde las lesiones en la piel hasta la niebla cerebral y las pérdidas de memoria. (En la página Rense.com hay entrevistas realizadas a personas afectadas por el síndrome de Morgellon y a los médicos que los atienden).

Mi primera reacción fue salir huyendo de la región, pero eso era imposible desde el punto de vista económico, así que decidí seguir estudiando el problema. Monté otra estación de pruebas a unas 300 millas de distancia y obtuve los mismos resultados. Por aquel entonces, como si no tuviera bastante, otras cosas crecían en el agua. La primera que descubrí fue una cosita semejante a una tenia o solitaria a la que bauticé con el nombre de “Fred”. Empezó como una mota de color marrón claro en el fondo del recipiente y en unas dos semanas se autoensambló con bastante rapidez para pasar de tener el tamaño de una cabeza de alfiler a su tamaño actual de una pulgada y un cuarto.

Empecé a dedicar varias horas cada noche y cada fin de semana a observar estos extraños brotes a través del microscopio, y lo que vi no se parecía a nada de lo que conozcamos desde el punto de vista biológico. En el mismo recipiente que ocupaba Fred, unas cuantas docenas de fibras de Morgellon se habían amontonado, y en una ocasión Fred se enredó en ellas bastante bien. Para mi asombro, Fred se liberó lentamente del ovillo mientras yo lo observaba durante tres o cinco días. Las fibras le facilitaban el trabajo desplazándose para dejarle paso. Hasta el día de hoy no he conseguido que se vuelvan a enredar. Pasé todo el mes de mayo estudiando este extraño cultivo, las fibras, y realizando otras pruebas. Entonces decidí irme a investigar a Idaho, a 1100 millas más al norte.

Cuando tuve la oportunidad de dejar mi trabajo, me encontré con la oferta de un aumento considerable de la paga, pero la rechacé. Yo respetaba enormemente a mi patrón, ya que habíamos trabajado bien juntos en el pasado, y sentía que le debía una explicación sobre los motivos que me impulsaban a mudarme y a rechazar su oferta, así que le enseñé lo que estaba investigando. Le mostré hasta qué punto vivíamos en un ambiente envenenado por sustancias químicas y la uniformidad de dicho envenenamiento de una semana a otra (al menos una docena de recipientes). A otro compañero también le había enseñado el envenenamiento químico, pero no las muestras biológicas. Le presenté mi colección completa de análisis semanales y le hablé de las fibras de Morgellon que había encontrado en el agua. Le mostré a Fred, la cosa que seguía creciendo junto con otra semejante pero más pequeña. Le dije que podía demostrar sin la más mínima sombra de duda que actualmente estamos padeciendo no solo un ataque químico, sino también biológico (sintético). Yo no le habría dicho esto a nadie si no pudiera probarlo. Su reacción, como la de la mayoría de la gente, fue bastante blanda. Mi patrón nunca había oído hablar del síndrome de Morgellon y no sabía lo que esto podía suponer para su futuro, así que, como todo el mundo hace, escondió la cabeza como un avestruz (otro síntoma neurológico)… Si uno no reconoce un problema, es que no existe. Pienso que si él hubiese escuchado los archivos de audio de Rense, su reacción habría sido diferente.

Al poco tiempo me marché a Idaho. Los tres primeros días que pasé allí la visibilidad era buena, y el hecho de que el brillo alrededor del sol fuera tenue significaba que podría haber encontrado un refugio más seguro para que mi familia se trasladara hasta allí. Sin embargo, al tercer día podía verse una gran fumigación hacia el este, y me puse a analizar las telas de araña y la savia que rezumaba de los árboles, así como la savia fresca que había caído sobre mi coche. Conclusión: estas fibras están por todas partes. La ansiedad, el miedo y el terror que había conseguido disipar durante el mes de mayo volvieron rápidamente cuando observaba todo esto. Las esperanzas que tenía puestas en el futuro se vinieron abajo y la idea de que toda la gente de aquí a Idaho ha sido infectada por esta creación artificial atroz  (no hay más que escribir “Morgellon” en el buscador de Youtube) se ha vuelto realidad. El agua que se consume en esta ciudad en particular proviene del lago, lo que solo puede significar que sus habitantes están recibiendo una dosis doble, a través del aire y a través del agua.

Regresé de Idaho y decidí seguir adelante con mi investigación, que se ha vuelto aún más extraña, si es que eso es posible. Descubrí otra cosa que crecía: una especie de cristal cuadrado y flexible (tal vez de proteína) de aproximadamente un cuarto de pulgada cuadrada. Ha seguido poniéndose más grueso, pero no se ha expandido como cabría esperar, y sigue engrosando lentamente hasta el día de hoy.

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Fabriqué un marco de madera (de 13 x 13 pulgadas) y lo cubrí completamente con cinta adhesiva de embalar ultratransparente, extendiendo la cinta a través del hueco central. Coloqué el lado pegajoso del marco mirando hacia el cielo y lo dejé al aire libre por la noche. Por la mañana lo dejé secar en un espacio cerrado, y entonces coloqué un trozo de vidrio delgado de 12 x 12 sobre la cinta adhesiva para encerrar mi colección de partículas caídas del cielo durante la noche. Observé la cinta adhesiva a través del vidrio con un microscopio barato (10 dólares) de entre 60 y 100 aumentos de Radio Shack (que también puede servir para mirarse la piel) y allí estaban, confirmando así que el cielo es una fuente demostrable de estas fibras. Las telas de araña presentan el mismo resultado.

Monté otra estación de pruebas y decidí trabajar en ella durante dos semanas sin electrolizar el agua. Entonces obtuve nuevos organismos sintéticos diferentes del resto. Al principio, mi tercer brote de fibras de Morgellon era como Fred, pero tenía una cosa de aspecto extraño, parecida a una semilla negra de la que sobresalían unos pinchitos. Aproximadamente medía un veinteavo de lo que mide una cabeza de alfiler y, como las fibras del tipo de Fred, estaba rodeada de una materia de color marrón claro. Creo que reventó y originó una especie de bolsa. La bolsa estaba compuesta de centenares de fibras que tenían un aspecto algo diferente de las fibras de Morgellon con aspecto de cinta, aunque muchas de estas estaban presentes. En ese momento me di cuenta de que necesitaba cámaras, ya que si no nadie creería nada de esto. ¡Demonios, ni siquiera yo puedo creer la mayor parte de lo que he contado! Me compré dos microscopios y me puse a fotografiar todo esto y más.

He visto indicios de esta tecnología reproductiva en las telas de araña (y en la piel y el cabello) al encontrar nanotubos de silicona transparente que imitaban a las estructuras vegetales entre otras, pero a una escala mucho más pequeña. Si, como se afirma, estas cosas pueden entrar en contacto con una forma biológica y copiar partes de su ADN/ARN (por transcripción y por percepción de quórum) y después intentar su ensamblaje con componentes disponibles (la silicona es el más abundante), su aislamiento para el estudio será casi imposible. El hecho de que haya fibras que viven sobre el vidrio indica que estas formas pueden absorber el silicio del vidrio para autoensamblarse. Obsérvense con atención los puntos de sujeción de estas fibras en el vidrio:

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Me sigue preocupando enormemente el hecho de que los componentes de los virus (o un virus completo) también pueden ser copiados, lo cual continúa siendo una cuestión no detectada o aún sin revelar de esta tecnología. Ofrezco mis observaciones con la garantía de que se pueden repetir; yo solo tomo nota de aquello que es posible volver a hacer. Ofrezco este trabajo con extrema urgencia, ya que creo que no tenemos mucho tiempo. El desarrollo de estructuras mohosas en mis mocos (y lo más probable es que también en los de los lectores) es muy preocupante, y el principal sospechoso es un hongo filamentoso del género Fusarium utilizado como arma.

Queda por demostrar la idea de que estas formas podrían ser vencidas únicamente por medio de frecuencias de resonancia (por ejemplo, la tecnología Rife) sintonizadas para destruir su capacidad de percepción de quórum. De momento solo es un comentario el que quizá una tecnología de ondas de luz podría influir en estas formas, ya que han conseguido la autofluorescencia y esto, en mi opinión, es un indicio de las frecuencias con las que estas fibras vibran. Me sigue preocupando el hecho de que la reserva de oxígeno atmosférico pueda ser verdaderamente escasa. Es lógico suponer que estas fibras microscópicas que acumulan electricidad y son conductoras están desarrollándose en nuestros cerebros y cortocircuitando lentamente nuestras neuronas (es decir, nuestra memoria), lo que puede dar lugar a la enfermedad de Alzheimer. Quizá la clave esté en privar de conductividad a estas criaturas, aunque parece imposible.

Otra idea a propósito de la transmisión a través de los insectos: esta tecnología puede residir en los fluidos de estos animales. Cuando nos pican, dicha tecnología pasa a nuestros cuerpos con el ADN y el ARN de los insectos, y entonces intenta su reconstrucción (tal vez del veneno) en el interior del ser humano portador. Esto podría explicar que se haya aislado el ADN de insectos y de plantas en personas infectadas.

Una nueva observación bastante inquietante (que podría explicar nuestra situación actual) es la siguiente: las personas infectadas han señalado la existencia de una mentalidad de colmena o conciencia colectiva. Esto indicaría la intervención de algún tipo de inteligencia artificial, pero se desconoce hasta qué punto. Además, la mayoría de las formas nubosas que aparecen ahora a baja altitud se desintegran con muchísima más frecuencia que hace dos años. En un principio, mi proyecto de fotografiar las estelas químicas comenzó cuando vi cómo una nube bastante grande se deshacía completamente en una especie de polvo que fue visiblemente arrastrado por la brisa en unos minutos. Un compañero del trabajo también fue testigo de ello.

Un artículo reciente sobre un análisis de muestras de aire recogidas en Phoenix titulado “El impacto de las estelas químicas en un estudio sobre la calidad del aire de Phoenix” demuestra o justifica mi trabajo y mis descubrimientos. La cantidad de aluminio superaba 6400 veces el límite tóxico; la de manganeso, 5820 veces; la de hierro, 28000 veces, y la de bario, 278 veces.

Aquí está empezando la estación lluviosa y, a juzgar por la frecuencia con la que los rayos del sol que caen a tierra tienen el mismo aspecto que los rayos que pasan a través de la ventana de una habitación llena de humo, estoy bastante seguro de que vivir aquí es mucho peor que vivir en Phoenix, dado que aquí toda la contaminación de abajo asciende para formar nubes de lluvia. Ahora las nubes se desintegran con tanta frecuencia (en lugar de evaporarse) que ya no les saco fotografías, y también he dejado completamente de fotografiar estelas, dado que para mí ya no tienen importancia.

Evidentemente, siguen asfixiándonos lentamente con partículas metálicas.

La forma más pura de la ciencia es la observación. Tras haber dedicado a la observación centenares de horas, puedo decir sin dudarlo: “¡Houston, tenemos un problema!”

UN COMENTARIO SOBRE LA FUMIGACIÓN DE AEROSOLES

En pocas palabras, así veo yo parte de nuestro dilema: muchas de esas nubes sintéticas son polímeros nanotecnológicos programados con ciertas funciones de ensamblaje geométrico para tener el aspecto de nubes reales, y pueden conservar esta programación al degradarse. Dicha programación es variada: ensamblaje, asociación, autorreproducción, las tres o quizá más. Esto presupone la existencia indiscutible de una inteligencia o control de algún tipo. Además de las partículas metálicas que he encontrado en nuestro aire, que he fotografiado en mi sangre y que he obtenido por electrólisis a partir de mi orina, tenemos componentes de plástico (fotodegradables en este momento y presentes en todas partes) de un tamaño microscópico, capaces de regenerar su estructura geométrica y de tener un comportamiento reproductivo de supervivencia. El síndrome de Morgellon podría calificarse más correctamente como “síndrome de infección a través de nubes sintéticas”.

LAS PARTÍCULAS PRESENTES EN LA SANGRE

He pasado varios años comprobando el trabajo de Clifford Carnicom, y sus investigaciones sobre la sangre deberían ser de lectura obligatoria en el momento actual (estos artículos se encuentran en las páginas dedicadas al síndrome de Morgellon en el portal CarnicomInstitute.org). Todas las muestras de sangre observadas hasta ahora presentan anomalías. ¡Incluso la de mi perro! Cuando observé mi sangre a través del microscopio por primera vez, tardé varias semanas en sobreponerme para poder estudiarla de nuevo. Tan mal aspecto tenía. La sangre solo debería contener glóbulos rojos, glóbulos blancos y poco más.

Ahora que sé lo que hay en los chemtrails o estelas químicas, cada vez que veo a los aviones fumigando tiemblo de miedo. Esto no es otra cosa que terrorismo de Estado, un homicidio de masas. A pesar de que el gobierno se ha reservado el derecho legal de probar estas sustancias con nosotros (U.S.C. 1520a), los estados tienen la obligación legal, moral y ética de protegernos, a no ser que a nuestros administradores les hayan prometido mayores ingresos procedentes de nuestros impuestos, o bien protección, o bien el antídoto. Recientemente, a un amigo mío le diagnosticaron lo que fue descrito como una forma rara de cáncer de sangre. Cuando observo mi propia sangre, no puedo evitar hacerme preguntas. ¡Todas esas personas que se ganan la vida observando la sangre deben saber lo que realmente está ocurriendo!

FOTOGRAFÍAS DE LA PIEL

Las fotografías de la piel muestran claramente que un brillo metálico se ha desarrollado sobre nuestra piel, junto con unas manchas de color rojo pálido. Este brillo metálico impide que se pueda observar con detalle la amplitud de la infestación por estas fibras translúcidas, que muy probablemente no son pelos finos. También han sido fotografiadas erupciones cutáneas del tamaño de una cabeza de alfiler que se desarrollan con bastante rapidez y que tardan semanas en curarse. Tanto yo como otras personas hemos padecido estas enfermedades cutáneas.

Descubrí casi por accidente que una pistola termoencoladora barata viene muy bien para cerrar herméticamente los portaobjetos del microscopio, ya que su pegamento en barra preserva las muestras y actúa como un cepillo quitapelusas para las fibras de Morgellon. Si extendemos un poco de esta cola en un portaobjetos, la dejamos enfriar, y la restregamos contra el antebrazo, las fibras minúsculas se quedarán adheridas a la pasta pegajosa, y quienes no se crean que se trata de fibras de Morgellon no tienen más que esperar unos cuantos meses y volver a observarlas de nuevo. No solo se adhieren al pegamento, sino que crecen con bastante rapidez (sobre todo las rojas).

Por extraño que parezca, en un 20 % de los casos a la masa de pegamento en barra que queda en el portaobjetos le salen unas extrañas hebras. Me di cuenta de que aparecían bolitas de pegamento y, cuando las quitaba, volvían a salir en el mismo sitio. He observado que en los portaobjetos sobre los que he prensado mis secreciones nasales es donde principalmente crece la masa de pegamento. A veces crece rápidamente, y otras veces tarda meses. Puede que la causa esté en mis mucosidades nasales. ¡Que Dios nos proteja!

En los últimos meses parece haberse desarrollado en nuestras narices una nueva infección. Todos los trabajadores del campo sienten este extraño cosquilleo en la nariz (muchos de ellos tienen bigote). Creo que el causante es una extraña mucosidad nasal blanca, delgada y con hebras; he colocado alrededor de una docena en portaobjetos y he observado su desarrollo a lo largo del tiempo. Curiosamente, cuando son pequeñas parecen larvas de mosca, pero llegan a alargarse bastante. Lo que he visto es tan extravagante como el resto de esta historia. Brotes de cristales geométricos, diseños de copos de nieve, brotes de fibras de Morgellon, brotes de fibrillas de aspecto mohoso con esporulaciones. Para repetir este experimento tenemos que sonarnos la nariz en una manopla de color o en una bolsita de plástico después de ducharnos y buscar pequeñas mucosidades blancas con hebras que no se dividen hasta que no las hagamos pedazos. El agua hace que se dilaten mucho. Las introducimos en un recipiente limpio y cerrado que solo contenga un poquito de humedad y las dejamos reposar 48 horas. Sacamos las muestras, las empapamos en un poco de agua destilada y las colocamos sobre un portaobjetos. Apretamos suavemente el cubreobjetos y lo cerramos herméticamente con la pistola termoencoladora, dejando por debajo solo el espacio suficiente para que la muestra se pueda desarrollar. Observémosla. A los nueve meses serán visibles más hebras en el pegamento.

Este descubrimiento de lo que parece ser un cultivo de moho en nuestras fosas nasales resulta muy preocupante, ya que muchos tipos de moho son neurotóxicos para el cerebro. En dosis pequeñas pero constantes el daño puede pasar desapercibido hasta que es demasiado tarde. Sin embargo, esto explicaría una serie de síntomas neurológicos descritos por los enfermos de Morgellon. Solo con sacarnos una mucosidad seca y ponerla a remojar en agua destilada durante unos cinco minutos obtendremos el mismo resultado: en los mocos siempre hay fibras de Morgellon (no he podido conseguir agua destilada de calidad científica).

LAS TELAS DE ARAÑA

Quien desee comprobar por sí mismo cualquiera de estos experimentos no necesitará más que un microscopio medio decente (de al menos entre 40 y 100 aumentos) y algunas telas de araña (o bien sus propios mocos o su propia sangre). Para fijar la telaraña en el portaobjetos podemos utilizar otro portaobjetos y cinta adhesiva de embalar ultratransparente; conviene que la telaraña sea vieja y esté algo sucia, pero no demasiado. En las telarañas he hallado más partículas nanotecnológicas completas y verificables que en ningún otro sitio, y esto incluye nanotubos de silicona segmentados, nanoplumas y, como siempre, las fibras de Morgellon (en el portal CarnicomInstitute.org se pueden consultar las fotografías y los trabajos realizados por el señor Carnicom).

Las partículas con aspecto de estrella de mar y un diseño de múltiples patas me siguen fascinando. En el centro de casi todas estas criaturas existe una sustancia o estructura fibrosa que parece controlar o dirigir su desarrollo. La partícula con aspecto de estrella de mar carece de estructura biológica perceptible y parece estar compuesta únicamente de silicona. Mi instinto me dice que lo más probable es que se trate de recambios de neuronas o de implantes para nuestros cerebros (si buscamos en Google “nanobots” e “interfaz neuronal”, leeremos que se ha contemplado su posibilidad, pero que no se han llegado a fabricar). Encontré estas estructuras en casi todas las telarañas del exterior, pero no en las que se encontraban dentro de mi casa, probablemente porque las telarañas que están al aire libre tienen más años que las de casa.

Es imprescindible que las personas preocupadas por este tema realicen sus propias investigaciones. No se limiten a creer lo que les he contado; por favor, no se queden ahí sentados y compruébenlo ustedes mismos. Un recolector de muestras de aire se puede fabricar por unos 35 dólares. La mayoría de las veces ya no saco fotos de las fibras de Morgellon que se encuentran en las telarañas: son demasiado frecuentes y ya no me sorprenden. En todas las telarañas analizadas hasta ahora he obtenido fotografías de estas fibras.

DESINTOXICACIÓN

Mientras tanto, decidí intentar eliminar de mi organismo estos metales. El mejor resultado me lo dio el baño iónico de los pies. Al principio pensaba que se trataba de un truco de salón, hasta que realicé la electrólisis y observé el agua a través del microscopio tras el tratamiento. Inmediatamente noté que podía oler y distinguir los sabores mucho mejor que antes, pero el aire me dejaba en la boca un sabor metálico que tardó unas tres semanas en desaparecer, se supone que porque yo me estaba reaclimatando al aire que me rodeaba. Entonces probé con la acupuntura y con la desintoxicación por medio del alga Chlorella, pero tuve que dejarlas porque comencé a notar el sabor de mis empastes gracias al mercurio que contenían.

Dejé secar una gota de las “sustancias cuya presencia aumenta milagrosamente” (las partículas metálicas del aire) y le eché encima una gota de Chlorella. Para mi gran asombro, el alga Chlorella invadió violentamente el cultivo metálico y entonces se detuvo. No sé si la Chlorella ganó o perdió. Probé a verter otra gota de Chlorella sobre unas cuantas fibras de Morgellon y no ocurrió nada, lo cual me pareció muy extraño. Mi conclusión es la siguiente: la desintoxicación funciona si uno puede alejarse de las sustancias tóxicas, pero de lo contrario puede resultar perjudicial.

Al principio, la mayoría de estas observaciones fueron realizadas a unas seis millas de una ciudad pequeña (de unos 10.000 habitantes). En las afueras tenemos un gran sauce, de unos 15 pies de altura. Antes, cuando florecía, miles de abejas melíferas pululaban alrededor del sauce durante semanas, pero este año (2007), puede que vinieran a alimentarse unas 200 o 300 abejas. Cuando me mudé aquí en 2002, los murciélagos rondaban de noche por el porche de mi casa, y los colibríes venían a comer por docenas. Ahora, en 2007, ya no hay murciélagos, quedan pocos insectos y solo unos cuantos colibríes. Antes también se criaban en la humedad de las ventanas unos insectos pequeños parecidos a las moscas. En 2006, casi no tuvimos bichos en las ventanas durante el verano, y pocas moscas llegaron a entrar dentro de la casa, a pesar de que no tenemos puertas mosquiteras.

CONCLUSIONES GENERALES

En resumen, si ustedes quieren saber por qué se están muriendo nuestros pájaros, nuestras abejas, nuestras ranas y ahora también los murciélagos… (quedan pocos insectos, no he visto ni una manzana en la montaña este año, y en el viaje de regreso desde Idaho los arándanos no habían salido…) es indiscutible que tanto nosotros como el resto de los seres vivos estamos sometidos a una agresión nanotecnológica intencionada, de carácter químico y biológico. Lo más probable es que tanto el Departamento de Energía como el Departamento de Defensa de los Estados Unidos estén implicados, y los dólares de nuestros impuestos se están utilizando para matarnos con armas farmacéuticas muy rentables.

Las sustancias químicas presentes en el aire y en el agua, así como en nuestra sangre y en nuestra orina, generan un ambiente que favorece el desarrollo acelerado de estos organismos sintéticos. Dichas sustancias químicas hacen que aumente la capacidad eléctrica de nuestros cuerpos y del ambiente que nos rodea, lo cual suministra la corriente continua necesaria para que los organismos sintéticos se autoensamblen. La naturaleza variada de los organismos observados podría estar relacionada con el “Silent Superbug” o “supermicrobio silencioso” (la página SilentSuperbug.com ya no existe), pero en mi opinión las fibras de Morgellon son diferentes. El cuerpo humano suministra la corriente eléctrica que estas estructuras utilizan para autoensamblarse, ya que en nuestro cuerpo la electricidad prevalece sobre la química. Actualmente, todos los seres vivos de este planeta están siendo colonizados por estas formas de vida artificiales. Desconozco con qué propósito. Esto me recuerda la película The Matrix… Me pregunto si sus creadores sabían algo de esto y, si es así, cómo es que lo sabían.

Encontré una nueva fuente de fibras de Morgellon en una vieja mecha de papel del interior de nuestro humidificador. Tiene entre 6 y 8 meses y no se ha usado desde el verano. Está repleta de fibras de Morgellon y de otras partículas. Vuelve a confirmarse que, cada vez que observo material nuevo, la situación es peor.

Creo recordar que, en 2004, cuando faltaban tres semanas para la Navidad, ocurrió algo espeluznante. En el aire había un olor químico fuera de lo común que otras personas también percibieron, y que recordaba el olor de los pesticidas. Una mañana me desperté y no recordaba ni qué día era ni a qué hora entraba a trabajar. Sentí un poco de pánico, pero de todos modos me fui en coche al trabajo, algo aturdido. Temía que pudiera tener un derrame cerebral. Eran alrededor de las seis de la mañana, y de camino al trabajo vi no uno, sino tres accidentes graves en la carretera principal… lo cual resultaba bastante insólito a esas horas de la mañana… Muy raramente llego a ver tres accidentes en un solo mes. Y a lo largo del mes siguiente, todos los compañeros del trabajo y hasta los dependientes de las tiendas parecían tener el mismo problema y hacían comentarios jocosos sobre un principio de alzhéimer. Sin embargo, yo no le veía la gracia, pues era consciente de que algo había pasado. Recuperé la memoria lentamente, pero me sentía como si estuviera peleando para recuperarla. Se lo comenté a un compañero y este me contó que su mujer, que había trabajado como contable durante años, le había dicho que de repente estaba teniendo problemas con las operaciones matemáticas sencillas (por la misma época), y él también tenía más olvidos que de costumbre. Durante las Navidades, noté que los dependientes cogían el dinero e inmediatamente olvidaban para qué era, o bien se equivocaban continuamente al contar el cambio. Todo esto me preocupaba bastante entonces y me sigue preocupando ahora. Tardé unos tres meses en reponerme, y por aquel entonces una médico llamada Patricia Doyle contó exactamente la misma historia en el programa de Jeff Rense (hay que buscar “amnesiacs” -‘amnésicos’- en Rense.com). La médico dijo que los habitantes de su pueblo del lejano este sufrían disfunción de la memoria después de unas fuertes fumigaciones, y pidió disculpas por tener que leer unas notas que había preparado para la entrevista debido a que ella también tenía problemas de memoria a corto plazo.

Hace unos tres años, le estaba enseñando a la propietaria de un videoclub de mi ciudad las fotografías que había sacado de las fumigaciones de aerosoles y otras que me había bajado de Internet. Entonces un hombre que estaba junto al mostrador se interesó y se puso a mirar mi colección. Al momento identificó algunas de las aeronaves de las fotos como aviones de carga C-130. Parecía interesado y dijo que lo investigaría. La dueña de la tienda me dijo que era su hermano y que si había alguien que pudiera averiguar lo que había detrás de todo esto era él, ya que era un agente jubilado de la inteligencia militar. Unos cuatro meses más tarde le pregunté a la mujer si su hermano se había enterado de algo, y esto fue lo que ella me relató: su hermano le había dicho que las fumigaciones eran efectivamente bastante tóxicas, y que él había asistido a un enfrentamiento entre miembros de la Nación de los Navajos y la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de los Estados Unidos. Los funcionarios de dicha agencia sostenían que no pasaba nada hasta que los Navajos presentaron pruebas de lo contrario, que resultaban bastante convincentes. Los de la EPA cerraron sus libros y se marcharon sin decir palabra. Pedí a la mujer que le dijera a su hermano que me llamara para que me diera más detalles, pero dos semanas más tarde la mujer cerró su negocio y también se fue. Desde entonces no he podido confirmar esta historia.

Otra revelación apareció recientemente en un artículo titulado “¿Nos están matando las microondas a nosotros y a nuestros insectos, pájaros y anfibios?”. Las fotografías de las partículas metálicas que precipitaron de mi sangre son idénticas a las fotografías de los metales hallados en todas las muestras de aire. Eso quiere decir que nuestros fluidos cerebrales también contienen estas partículas. ¿Han metido ustedes alguna vez un objeto metálico en un horno microondas? ¿Qué creen ustedes que pasa cuando colocan un teléfono móvil de microondas y de 0.5 vatios junto a su cerebro, que está compuesto por un 70% de agua y un 30% de colesterol, y que además contiene entre un 2 y un 4% de partículas metálicas exóticas circulando en su interior? “Microchispas” podría ser una buena respuesta. En el artículo se afirmaba que las estaciones de base transmisoras son muy perjudiciales para cualquier forma de vida que se encuentre en un radio de 200 metros (o 600 pies). ¿A qué distancia de la carretera se encuentran la mayoría de nuestras antenas de microondas? ¿Y por qué las instalan en los patios de nuestros institutos de enseñanza secundaria? He leído informes que indican que, cuando funcionan a plena potencia, estas antenas transmisoras pueden cocer a todos los seres vivos que se encuentren en un radio de un cuarto de milla. ¡Podrían hacer que emitieran a toda potencia y, cuando nos fuéramos a dar cuenta, mientras circulamos por el campo, de que algo no va bien, ya nos faltaría poco para morir, al cabo de unos minutos de cocción cerebral!

La desaparición de las abejas, insectos, murciélagos y pájaros coincide en el tiempo con la instalación de todas las antenas de microondas que hay en esta montaña. Y eso demuestra que con la apatía no se consigue nada. Cuando vimos las fumigaciones, o cuando fuimos expuestos a terribles injusticias como el asesinato de Kennedy, Vietnam, la masacre de Waco, el 11-S, etc., deberíamos habernos movilizado para detenerlas. “Pecar callando convierte a los hombres en cobardes.”

Actualmente estoy convencido de que lo que los enfermos de alzhéimer padecen en realidad es el síndrome de Morgellon, y esto se podría demostrar con muestras cerebrales de los cadáveres (quizá también de los perros). Las sustancias metálicas que aumentan milagrosamente en nuestro aire son electrolizadas lentamente pero de manera continuada en nuestros cerebros y cuerpos, tal vez en zonas concretas o predeterminadas. Es posible que todos estemos incapacitados para responder a cualquier amenaza, aunque eso no sirve de excusa. Nuestra glándula pineal (el receptor de nuestro cerebro que nos impele a luchar o a salir huyendo) ha sido destruida, creo yo, y el fluoruro probablemente ha colaborado en ello (la consulta de los estudios realizados por la Universidad de Texas es recomendable). La exposición al fluoruro sódico durante un año destruye esta glándula casi para siempre.

Es imprescindible que ustedes repitan cualquiera de estas observaciones, si es que les importa o se atreven a ver el estado tan malo en que se encuentra el aire, pero pocas son las personas a las que no parece importarles todo un carajo (otra observación neurológica verdaderamente preocupante). El gobierno podría ponerse a disparar a la gente a plena luz del día y la gente seguiría con sus asuntos sin intervenir y sin condenar los hechos. Ah, un momento, esto ya pasó en Waco (vean el documental Rules of Engagement: The True Story of Waco -‘Las reglas del combate: la verdadera historia de Waco‘) y en las guerras actuales y pasadas. Para comprender lo que puede pasar en el futuro, les recomiendo de verdad que escuchen todas las entrevistas sobre el síndrome de Morgellon en el sitio web Rense.com (pero escúchenlas en el orden inverso, de la 14 a la 7, y así obtendrán la mejor visión general).

Ahora lamento haber descubierto todo esto, pues antes, cuando no lo sabía, era mucho más feliz (aunque me preocupaban y me tenían confundido todas las observaciones neurológicas que he explicado), y mi vida se ha visto completamente trastornada, pero tengo la esperanza de que algún día se encuentre la cura (tal vez de manera accidental), quizá por alguien que llegue a leer esto.

Nota de la administradora del sitio AboutTheSky.com: El resto de este artículo se puede leer actualmente en el portal ArizonaSkyWatch.com. Cuando intentamos leerlo por primera vez en dicho portal, nos resultó difícil debido al formateo con el que había sido publicado. Entonces decidimos publicarlo de nuevo en nuestro sitio web como una página aparte y permanente. Tardamos más de 17 horas en trasladar, limpiar y ajustar el tamaño de las fotos y en alinear de nuevo el texto. Imagínense cómo nos quedamos cuando llegamos al final de la página de ArizonaSkyWatch y leímos que el autor no quería que su obra fuera reproducida de ninguna manera. Nuestra versión ya estaba siendo enviada a través de Internet.

Después de deliberarlo mucho, y no llegando a comprender dicha prohibición cuando el mismo autor había expresado su deseo de que otras personas conocieran su trabajo (“No es para todo el mundo, pero pueden mostrarlo a aquellas personas a las que les podría interesar, si es que encuentran alguna”), decidimos dejar esta página como está. Si Blue desea contactar con nosotros para discutir por qué nos pareció necesario arreglar y volver a publicar su artículo (o dejar más claro el texto original), estaremos encantados de acceder a su petición. La transmisión de esta información no puede darse en el vacío. La remisión, la publicación y el enlazado son esenciales para que la información alternativa pueda circular. AboutTheSky.com fue creado para servir como un puerto de entrada para una audiencia más amplia (incluso procedente de los medios de comunicación más importantes), del mismo modo que la página web de la que procede, 911WeKnow.com, recibe visitas de todas las regiones del mundo.

Artículo traducido por Conrad R. (Traducción terminada el 13 de julio de 2013).

Nota: En este enlace hay más artículos sobre las fumigaciones, el síndrome de Morgellon, la geoingeniería y el transhumanismo.

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